En el diario intercambio de las relaciones personales, especialmente en el ámbito de la pareja, no siempre es posible estar de acuerdo con el otro. Esa diferencia puede llevarnos a aceptar (respetar la manera de pensar, sentir del otro sin querer modificarla), persuadir (inducir por motivación a que el otro haga lo que deseamos que haga) o manipular (lograr que el otro cambie aunque en el camino se desconozcan sus necesidades). Una de las estrategias más usuales de manipulación que tiene a generar grandes inconvenientes es la que se conoce como el chantaje emocional.
Para Susan Forward, el chantaje emocional es una forma de manipulación que se caracteriza por la presencia de amenaza directa o indirecta de castigo, si no cumplimos con la expectativa del otro. Es un estado que incluye una mezcla emocional intensa de miedo, obligación y culpa, e incluye dos aspectos concretos reconocibles: solicitud de complacencia y amenaza de castigo.
Estos dos aspectos configuran la estructura central del chantaje emocional, pues quien chantajea sabe que el otro requiere de su amor, de su compañía o del placer que obtiene en la relación, y es con esos elementos que son de alta necesidad para el bienestar, la estabilidad o la identidad del otro, con lo que se presiona para obtener el resultado deseado. Pareciera que instintivamente comprendemos lo que postuló la polémica filósofa antifeminista Esther Vílar, cuando señaló que “tiene más poder el que experimenta menor necesidad”.
Las amenazas más frecuentes en este sentido, son: reducir la atención, el sexo, el dinero o la compañía, incluso, otras más graves como terminar la relación, abandonar el contacto, dañar la imagen pública o a lastimar físicamente. Las estadísticas revelan que las mujeres acuden más al chantaje con culpa y privación sexual, mientras que los hombres amenazan con limitar los recursos económicos y con ponerse físicamente violentos. En general lo que se pretende es activar el temor de experimentar pérdidas, cambios indeseados, rechazo o pérdida de poder en alguna forma.
Debe entenderse que la práctica del chantaje emocional es altamente frecuente y pocas veces consciente, pues tiende a funcionar como un mecanismo de defensa cuando no nos sentimos amados, atendidos o valoramos como suponemos que nos corresponde. Es una conducta de tipo infantil que niega la posibilidad de la comunicación, de la búsqueda de acuerdos negociados y de apoyar al otro a emitir conductas que a veces le cuesta poner en acción. No todos se dan cuenta siempre, de las necesidades de sus pareas o sus hijos, y a veces es más un asunto de comodidad y hábito, que de mala intención o de premeditación para causar daño. Los gritos, dramas, silencios, distanciamientos, amenazas y otras manifestaciones de chantaje emocional son más frecuentes de lo que nos gustaría admitir. Casi puede decirse que es un invitado en la mayoría de los hogares.
Los resultados de algunos intentos de chantaje emocional, puede llevarnos a pensar que funciona, pero en realidad genera conductas de resentimiento, rebeldía y venganza y a veces destruye de manera irreparable los vínculos
Superar esta tendencia, implica comprender que:
- Este mecanismo es infantil y trae consecuencias nocivas.
- Las personas son diferentes y nadie es como nosotros exactamente.
- Nadie está obligado a complacernos en todo, y esperarlo revela una visión exagerada, caprichosa y potencialmente patológica de las relaciones.
- Si se cede al chantaje, éste se instala como pauta normal de la relación.
- Es posible pedir directamente lo que deseamos, sin tener que manipular.
- Podemos aceptar un porcentaje de deseos cumplidos y aceptar que no puede ser así siempre.
- Es necesario desarrollar autonomía para depender menos de los demás.
- Al pedir algo a otros, debemos merecerlo o dar un equivalente a cambio.
- No se defiende ni entre en discusiones, sino procure comprender qué desea el otro y negocie acuerdos sin alterarse emocionalmente, pues una vez activada la emocionalidad negativa, ésta tiende a auto-perpetuarse.
- Si no ve intención del otro de buscar acuerdos, pida ayuda a un mediador, y/ o considere tomar decisiones que le permitan salir del círculo vicioso.
Evite, pues, chantajear a su pareja, parientes o amigos. Domine esta tendencia infantil inefectiva y sírvase de recursos positivos como la asertividad y la negociación. Y recuerde, que como decía el sabio Menelao: “No todo es para todos en todo momento”. Gracias por leerme. www.laexcelencia.com Twitter: @doctorrenny
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Derechos Reservados © Renny Yagosesky (1 de Septiembre de 2010)
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