La Necesidad de Autoridad   Lic. Dorian Caro

Vivimos en una sociedad generalmente competitiva, en la que los logros requieren de esfuerzos adicionales, debido a que muchas personas desean lo mismo o se plantean metas parecidas. Es normal, que en ese contexto, puedan reinar el caos y la anarquía. Por esta razón la autoridad se hace necesaria como árbitro del orden en la familia, en el trabajo o en cualquier otra área de nuestra vida.

Por lo general se entiende el concepto de autoridad como potestad, facultad o poder que tiene una persona o grupo sobre otros, que se le subordinan voluntariamente. O también, referido a los individuos, se dice que una autoridad es aquella persona revestida de algún poder o mando. El filósofo Max Weber la entiende “como dominación, como la probabilidad de encontrar obediencia dentro del grupo determinado para mandatos específicos.

En el contexto de la vida familiar, por ejemplo en la niñez o en la adolescencia, la autoridad es necesaria, primordial y reforzante, ya que un hogar sin padres que promuevan reglas y normas de autoridad, carecería de disciplina y orden. Una empresa sin autoridad no podría operar como organización competente y competitiva. Una escuela sin director, sin maestros o sin reglas, sería un desorden, un proyecto sin resultados positivos.

Sobre el caso educativo, Alfonso Aguiló se refiere en su libro “La Tolerancia”, al caso de una escuela británica, tipo internado, famosa por su método pedagógico en el que no había exámenes, ni calificaciones, la asistencia a clase era voluntaria y la vida del centro se regía en gran medida de modo asambleario por los grupos de alumnos. Su insignia era la educación tolerante y anti-autoritaria. Sin embargo, los resultados eran de bajo rendimiento y su plantilla de centenares se redijo a unos escasos sesenta alumnos. Este resultado permite pensar que sin reglas, sin autoridad, se crear desorden en vez de autorregulación inteligente.

En una empresa en la que no exista un jefe que dirija los proyectos de acción, no sería posible operar en una misma dirección y habría conflictividad, choques y confusión de métodos y roles.

La autoridad tiene dos caras, pues sin obediencia no habría autoridad. Si las personas no respetaran voluntariamente las leyes, la vida de las ciudades y pueblos sería in vivible. La autoridad tiene entonces dos caras: el que manda y el que obedece.

Para concluir, diremos que es importante ejercer la autoridad consciente y congruente, para lograr o contribuir a generar orden en el desorden. Eso sería lo aconsejable, lo adecuado o lo ideal.

Dorian Caro
Lic. en Comunicación Social
doriancaro@laexcelencia.com


Publicado el 6 de Agosto de 2009