Entre los hábitos más negativos desarrollados por los seres humanos, existe uno en especial que suele traer como consecuencia el estancamiento y una cadena de situaciones incómodas: se trata del “hábito de posponer”.
Posponer es dejar de realizar algo momentáneamente, con la idea de hacerlo más adelante. Es una forma de quitarnos una carga en el presente, bajo la consideración de que no es un buen momento, las condiciones no están dadas, y de que en cualquier otra oportunidad todo podrá hacerse mejor, más fácilmente o con mejores consecuencias.
Por lo general, posponemos aquellas situaciones, tareas, trabajos etc. que nos desagradan, incomodan o que creemos no estar en la capacidad de enfrentar o llevar adelante. Así, podemos posponer los estudios, buscar trabajo, tramitar documentos importantes, pedir disculpas, llamar a alguien con quien requerimos hablar, pagar una deuda, terminar un informe de trabajo, redactar la tesis de grado, llevar el auto al mecánico, ahorrar, bajar de peso, buscar pareja etc.
Cuando posponemos nos aliviamos temporalmente, creemos habernos librado de lo que nos pone tensos. Sin embargo, se trata de un alivio efímero, porque cada vez que recordamos lo que tenemos pendiente la ansiedad aparece.
Posponer es auto-engañarnos. Cuando decimos “Hoy no, mañana sí”, sabemos muy en el fondo de nosotros, que no cumpliremos. Así nos decepcionamos una y otra vez a nosotros mismos, por lo que nuestra autoestima queda golpeada, así como la confianza que otros nos tienen. Nuestra palabra pierde valor y cuando nos comprometemos, no nos creen.
Tenemos múltiples excusas para la posposición:
“Es que estoy muy ocupado”
“El tiempo no me alcanza”
“Eso no es tan importante”
“Seguro yo lo hago después”
“Para qué tanto apuro”
“Mañana sí”
“Lo bueno se hace esperar”
“Ya tendré tiempo”, etc.
Hemos convertido las excusas en nuestro abogado defensor. Creemos que son una buena salida para que den la cara por nosotros y quedar bien. Pero no es tan cierto, porque una excusa dicha una vez, podría ser aceptada, dicha mil veces podría dar la imagen de que somos personas irresponsables.
Finalmente, es importante acabar con las posposiciones. En una aproximación a la solución podríamos proponer algunas sugerencias:
- Anota todas aquellas acciones que venimos posponiendo.
- Dale orden de prioridad (lo urgente y lo importante) a esa lista.
- Pon un plazo en fecha para la realización de esas tareas.
- Inicia la acción.
- Coloca junto a tu lista de acciones, los beneficios que obtendrás.
- Prémiate cada logro que obtengas. Puede ser con un paseo, una comida, algún objeto o prenda de vestir, un libro, etc. También es importante premiarte con auto-halagos: “Qué bueno que lo logré”, “soy una persona responsable”, “soy una maravilla”, etc.
Afirmarnos y premiarnos, fortalece nuestra autoestima y refuerza el nuevo comportamiento que estamos instalando. Nuestro cerebro empieza a grabar los logros y las afirmaciones de capacidad. De esta manera podemos erradicar de nuestra vida, no sólo el mal hábito de posponer, sino cualquier otro mal hábito que nos incomode.
Recuerda que si no se actúa no se puede ni cambiar ni comprobar el poder del que se dispone. Y todos tenemos un gran poder.
Publicado
el 24 de Septiembre de 2009
|