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El ser humano
necesita aprobación, aceptación refuerzo. En ausencia
de afecto, se torna triste y distante o agresivo y violento. Por
eso resulta imperioso aprender a valorar, y a brindar y recibir
las llamadas "caricias positivas". Siga leyendo.
Hace poco más de una década, durante un seminario
de crecimiento personal sobre las caricias, que se realizaba en
una universidad norteamericana, una mujer decidió arrodillarse
y gatear frente a los demás participantes, como forma simbólica
de protesta por considerar que la gente acariciaba más a
los perros y a los bebés que a los mismos humanos. "Si
actúo como un perro o como bebé, seguramente me acariciarán
sinceramente", dijo. Esta historia real, refleja la gran necesidad
a veces no reconocida, de recibir "caricias positivas".
Para ubicarnos, conceptualmente, podemos decir que caricia positiva
es toda manifestación expresiva, verbal o no verbal, que
nos resulte gratificante. Existen muchos tipos de caricias positivas,
que incluyen palabras, gestos, movimientos, posturas corporales
y acciones satisfactorias de diversa índole gratificante:
Un saludo sonriente, el ladrido amistoso de nuestro perro cuando,
un obsequio, un halago, un beso, un abrazo, una llamada telefónica,
una invitación a conversar o a salir de paseo, una mirada
dulce, expresiones como: "te quiero", "te extraño"
o " me gusta compartir contigo", son ejemplos de caricias
que encajan en esta denominación.
Como contraste, podemos considerar como "caricias negativas",
aquellas que nos resultan lescivas. Algunos ejemplos de éstas,
serían: Golpes, amenazas, adjetivos descalificadores, gritos,
miradas desaprobatorias, posiciones corporales que reflejen rechazo,
critica e indiferencia.
No debemos confundir la caricia honesta, que brota de la necesidad
de expresar afecto, con la falsa caricia expresada generalmente
en forma de adulación, y que está más bien
relacionada con la hipocresía. La razón que nos impulsa
a actuar así es el miedo a no obtener lo que queremos si
actuamos honestamente. Por eso la hipocresía siempre es consecuencia
de la baja autoestima.
Si todos tenemos hambre de contacto, de estímulos y de reconocimiento;
si nos resulta tan necesario ese alimento emocional, por qué
somos tan reticentes para acercarnos, expresar y recibir demostraciones
de afecto? La respuesta está en nuestra programación
cultural, forjada en la familia y la sociedad. Se nos enseña
a dar de manera prejuiciada y por dosis. Se nos prohibe la espontaneidad
y aprendemos a inhibirnos, a avergonzarnos de nuestros sentimientos
y a temer al rechazo. Cuando a un niño se le niega la aprobación,
la mirada amable o el gesto amoroso, comienza a buscarlo a través
de la negatividad: rompiendo objetos, desobedeciendo y obligando
a sus padres a tomarlo en cuenta y darle lo que requiere.
La solución para superar nuestras carencias de afecto, bien
puede ser aprender darnos caricias a nosotros mismos y brindar caricias
generosamente a los demás, con énfasis en nuestros
amigos, seres queridos y parientes. Recordemos que nos estamos refiriendo
a distintas manifestaciones afectivas que aquí denominamos
genéricamente como "caricias positivas".
Para vivir con plenitud las relaciones, hay que arriesgarse a pedir
caricias, sin necesidad de mendigarlas, ni solicitarlas de manera
quejosa o culposa. Más bien, asertivamente, digamos lo que
nos gusta ya que los demás no pueden adivinarlo.
También es necesario estar abiertos a recibir. Muchos hemos
sido adoctrinados para sentirnos inmerecedores de cariño,
o para aceptar únicamente cierto tipo de caricias positivas
y sólo en ciertos momentos. Por ejemplo, algunos esperan
que se les expresa afecto a través del sexo, mientras que
otros saben que se les amará cuando cumplan año o
en fechas de fin de año. Las caricias no se acaban, en realidad
pueden darse en todo momento siempre que se sientan y sean honestas.
Así que no escatime, no se deje vencer por las excusas aprendidas
y exprese su amor a parientes, amigos, vecinos y hasta a aquellos
que no le miran de la mejor manera. Cuando usted les ofrezca un
poco de estima, comenzarán a percibirle diferente y hasta
puede que lleguen a quererle.
Si es necesario, perdone viejos agravios y errores que ya no se
pueden remediar. Rompa la indiferencia, muévase hacia el
amor y recibirá una recompensa que desbordará sus
expectativas. No siga jugando a perder. No se quede atrapado en
la inhibición, apoyándose en prejuicios aislantes
que sólo nos preocupan, nos enferman y nos alejan de la felicidad.
Desde la sensatez y la consciencia. acaricie y déjese acariciar.
Gracias por leerme.
Lic. Renny Yagosesky
Comunicador Social
Asesor Orientador
Escritor
Conferencista
Todos
los Derechos Reservados © Renny Yagosesky (Septiembre 19 2005)
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