La Trampa del Autoengaño
---Lic. Renny Yagosesky

El ser humano necesita aprobación, aceptación refuerzo. En ausencia de afecto, se torna triste y distante o agresivo y violento. Por eso resulta imperioso aprender a valorar, y a brindar y recibir las llamadas "caricias positivas". Siga leyendo.

Hace poco más de una década, durante un seminario de crecimiento personal sobre las caricias, que se realizaba en una universidad norteamericana, una mujer decidió arrodillarse y gatear frente a los demás participantes, como forma simbólica de protesta por considerar que la gente acariciaba más a los perros y a los bebés que a los mismos humanos. "Si actúo como un perro o como bebé, seguramente me acariciarán sinceramente", dijo. Esta historia real, refleja la gran necesidad a veces no reconocida, de recibir "caricias positivas".

Para ubicarnos, conceptualmente, podemos decir que caricia positiva es toda manifestación expresiva, verbal o no verbal, que nos resulte gratificante. Existen muchos tipos de caricias positivas, que incluyen palabras, gestos, movimientos, posturas corporales y acciones satisfactorias de diversa índole gratificante: Un saludo sonriente, el ladrido amistoso de nuestro perro cuando, un obsequio, un halago, un beso, un abrazo, una llamada telefónica, una invitación a conversar o a salir de paseo, una mirada dulce, expresiones como: "te quiero", "te extraño" o " me gusta compartir contigo", son ejemplos de caricias que encajan en esta denominación.

Como contraste, podemos considerar como "caricias negativas", aquellas que nos resultan lescivas. Algunos ejemplos de éstas, serían: Golpes, amenazas, adjetivos descalificadores, gritos, miradas desaprobatorias, posiciones corporales que reflejen rechazo, critica e indiferencia.

No debemos confundir la caricia honesta, que brota de la necesidad de expresar afecto, con la falsa caricia expresada generalmente en forma de adulación, y que está más bien relacionada con la hipocresía. La razón que nos impulsa a actuar así es el miedo a no obtener lo que queremos si actuamos honestamente. Por eso la hipocresía siempre es consecuencia de la baja autoestima.

Si todos tenemos hambre de contacto, de estímulos y de reconocimiento; si nos resulta tan necesario ese alimento emocional, por qué somos tan reticentes para acercarnos, expresar y recibir demostraciones de afecto? La respuesta está en nuestra programación cultural, forjada en la familia y la sociedad. Se nos enseña a dar de manera prejuiciada y por dosis. Se nos prohibe la espontaneidad y aprendemos a inhibirnos, a avergonzarnos de nuestros sentimientos y a temer al rechazo. Cuando a un niño se le niega la aprobación, la mirada amable o el gesto amoroso, comienza a buscarlo a través de la negatividad: rompiendo objetos, desobedeciendo y obligando a sus padres a tomarlo en cuenta y darle lo que requiere.

La solución para superar nuestras carencias de afecto, bien puede ser aprender darnos caricias a nosotros mismos y brindar caricias generosamente a los demás, con énfasis en nuestros amigos, seres queridos y parientes. Recordemos que nos estamos refiriendo a distintas manifestaciones afectivas que aquí denominamos genéricamente como "caricias positivas".

Para vivir con plenitud las relaciones, hay que arriesgarse a pedir caricias, sin necesidad de mendigarlas, ni solicitarlas de manera quejosa o culposa. Más bien, asertivamente, digamos lo que nos gusta ya que los demás no pueden adivinarlo.

También es necesario estar abiertos a recibir. Muchos hemos sido adoctrinados para sentirnos inmerecedores de cariño, o para aceptar únicamente cierto tipo de caricias positivas y sólo en ciertos momentos. Por ejemplo, algunos esperan que se les expresa afecto a través del sexo, mientras que otros saben que se les amará cuando cumplan año o en fechas de fin de año. Las caricias no se acaban, en realidad pueden darse en todo momento siempre que se sientan y sean honestas. Así que no escatime, no se deje vencer por las excusas aprendidas y exprese su amor a parientes, amigos, vecinos y hasta a aquellos que no le miran de la mejor manera. Cuando usted les ofrezca un poco de estima, comenzarán a percibirle diferente y hasta puede que lleguen a quererle.

Si es necesario, perdone viejos agravios y errores que ya no se pueden remediar. Rompa la indiferencia, muévase hacia el amor y recibirá una recompensa que desbordará sus expectativas. No siga jugando a perder. No se quede atrapado en la inhibición, apoyándose en prejuicios aislantes que sólo nos preocupan, nos enferman y nos alejan de la felicidad. Desde la sensatez y la consciencia. acaricie y déjese acariciar. Gracias por leerme.


Lic. Renny Yagosesky
Comunicador Social
Asesor Orientador
Escritor
Conferencista


Todos los Derechos Reservados © Renny Yagosesky (Septiembre 19 2005)