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El mundo de
hoy es complejo y dinámico con recursos naturales cada vez
menores, un notable afán tecnológico, una alta competitividad
y una clara orientación al poder y al individualismo, que
debilitan valores morales como la compasión, el respeto o
la caridad y deja ver como normales, a la maldad, la crueldad y
el crimen. La idea de que el fin justifica los medios tiende a ser
gradualmente aceptable. Nos deshumanizamos y aunque evitamos violar
las leyes, cometemos, muchas veces sin saberlo, una nueva modalidad
de crimen que he decidido llamar: crimen psicológico.
Un crimen psicológico es un acto a través del cual
una persona daña emocional o moralmente a otro, a través
de lesiones en su integridad psicológica. Los criminales
psicológicos se sirven, para lograr sus propósitos
de diversos tipos de armas, de estrategias de manipulación
cuyo objetivo es que "el otro" se humille, se inhiba,
se anule, se esconda, se calle, huya, pida perdón, se entregue,
se rinda o cambie su forma de pensar, sentir o actuar en favor del
manipulador.
Para lograrlo, el victimario estimula o induce en su víctima
sentimientos negativos y limitantes, a fin de que se sienta inadecuado,
inferior, incapaz, insuficiente, poca cosa, menos, nadie... Nada.
La meta es, a final de cuentas, afectar con sus intervenciones el
equilibrio mental de las personas para lograr controlar su voluntad.
Entre los métodos más comunes de los cuales se sirven
estos agresores mentales, están: la indiferencia, los gritos,
los chantajes, las amenazas y las culpabilizaciones. Este tipo de
crimen, puede hacerse de forma consciente o sin que tengamos la
menor idea de lo que estamos haciendo y causando.
En algunos casos, el crimen psicológico es cometido por uno
contra uno mismo, usando para ello recuerdos dolorosos o preocupaciones
amenazantes que nos desestabilizan la psiquis y producen respuestas
somáticas en forma de enfermedad.
En cuanto a dañar a otros, cometen crímenes psicológicos
los médicos que acaban con las esperanzas de sus pacientes
al cerrarles toda posibilidad de recuperación, con palabras
desintegradoras como "incurable", "imposible",
"nunca" o "siempre", en demostración
patente de ignorancia e insensibilidad, desde la cual se encumbra
a la ciencia y se anula el poder de la fe.
Cometen crímenes psicológicos los abogados que amenazan
con destruir pudiendo negociar, tanto como los jueces "tarifados"
que privan a muchos de su libertad, de manera ilegal y miserable.
Cometen crímenes psicológicos los padres que en lugar
de acariciar, halagar y respetar a sus hijos, los regañan,
humillan, comparan, critican y maltratan, más por hábito
y desahogo que por requerimiento disciplinario. Son criminales peligrosos
porque atacan a sus hijos, que están en posición débil
y dependiente, esperando de ellos lo contrario de lo que reciben.
Cometen crímenes psicológicos los periodistas que
aterran a la población con informaciones alarmantes, expuestas
sin consideración ni profesionalismo, en busca de un impacto
ya premeditado a conveniencia. Y qué decir de criminales
masivos como los directivos de algunos medios, y sus programadores,
cuyas decisiones ponen en pantalla contenidos deformadores de la
conciencia individual, haciéndola propensa a la desconfianza,
la maldad la violencia y a la deshumanización generalizada,
con el pretexto egoísta de alcanzar sus metas económicas
y su ambición desmedida.
Otros que figuran en esta lista macabra de criminales psicológicos,
son los maestros insensibles, que desmoralizan a sus alumnos haciéndoles
dudar del valor de sus potencialidades. Igual sucede con sacerdotes
militantes que olvidaron pensar por sí mismos y controlan
su rebaño de fieles con culpa, miedo y una historia religiosa
deformada, y obediente a poderes eclesiásticos mal concebidos.
Expertos en este tipo de delito invisible son los políticos,
expertos en promesas incumplidas, omisiones y falsificaciones. Imposible
para muchos de ellos escapar de este banquillo. Su delito, generalmente
masivo, es causar en muy alto grado, decepción, y frustración
en sus millares de electores.
En el mundo íntimo también hay crimen psicológico.
En las pareja, por ejemplo, es frecuente la descalificación,
el abuso sexual, la desatención, la manipulación económica,
los celos enfermizos, la ofensa indiscriminada, la invasión
al espacio personal o el abandono injustificado.
¿Qué hacer frente a todo esto? Comencemos por no practicar
ni justificar estas modalidades de ataque a nuestros semejantes,
en ninguna de sus manifestaciones o contextos. Si nos descubrimos
en ello, es nuestro deber rectificar y evitar la reincidencia. Ayudar
a otros a darse cuenta, promover la convivencia basada en valores
más positivos y denunciar los intentos de algunos de abusarnos,
son algunas soluciones viables y convenientes. El resto, se lo dejamos
a Dios. Gracias por leerme.
Lic.
Renny Yagosesky
Comunicador Social
Asesor Orientador
Escritor
Conferencista
Este
artículo es propiedad intelectual de Renny Yagosesky. Si
va a ser reproducido total o parcialmemente agradecemos respetar
el Derecho de Autor.
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