El Crimen Psicológico
---Lic. Renny Yagosesky

El mundo de hoy es complejo y dinámico con recursos naturales cada vez menores, un notable afán tecnológico, una alta competitividad y una clara orientación al poder y al individualismo, que debilitan valores morales como la compasión, el respeto o la caridad y deja ver como normales, a la maldad, la crueldad y el crimen. La idea de que el fin justifica los medios tiende a ser gradualmente aceptable. Nos deshumanizamos y aunque evitamos violar las leyes, cometemos, muchas veces sin saberlo, una nueva modalidad de crimen que he decidido llamar: crimen psicológico.

Un crimen psicológico es un acto a través del cual una persona daña emocional o moralmente a otro, a través de lesiones en su integridad psicológica. Los criminales psicológicos se sirven, para lograr sus propósitos de diversos tipos de armas, de estrategias de manipulación cuyo objetivo es que "el otro" se humille, se inhiba, se anule, se esconda, se calle, huya, pida perdón, se entregue, se rinda o cambie su forma de pensar, sentir o actuar en favor del manipulador.

Para lograrlo, el victimario estimula o induce en su víctima sentimientos negativos y limitantes, a fin de que se sienta inadecuado, inferior, incapaz, insuficiente, poca cosa, menos, nadie... Nada. La meta es, a final de cuentas, afectar con sus intervenciones el equilibrio mental de las personas para lograr controlar su voluntad.

Entre los métodos más comunes de los cuales se sirven estos agresores mentales, están: la indiferencia, los gritos, los chantajes, las amenazas y las culpabilizaciones. Este tipo de crimen, puede hacerse de forma consciente o sin que tengamos la menor idea de lo que estamos haciendo y causando.

En algunos casos, el crimen psicológico es cometido por uno contra uno mismo, usando para ello recuerdos dolorosos o preocupaciones amenazantes que nos desestabilizan la psiquis y producen respuestas somáticas en forma de enfermedad.

En cuanto a dañar a otros, cometen crímenes psicológicos los médicos que acaban con las esperanzas de sus pacientes al cerrarles toda posibilidad de recuperación, con palabras desintegradoras como "incurable", "imposible", "nunca" o "siempre", en demostración patente de ignorancia e insensibilidad, desde la cual se encumbra a la ciencia y se anula el poder de la fe.

Cometen crímenes psicológicos los abogados que amenazan con destruir pudiendo negociar, tanto como los jueces "tarifados" que privan a muchos de su libertad, de manera ilegal y miserable.

Cometen crímenes psicológicos los padres que en lugar de acariciar, halagar y respetar a sus hijos, los regañan, humillan, comparan, critican y maltratan, más por hábito y desahogo que por requerimiento disciplinario. Son criminales peligrosos porque atacan a sus hijos, que están en posición débil y dependiente, esperando de ellos lo contrario de lo que reciben.

Cometen crímenes psicológicos los periodistas que aterran a la población con informaciones alarmantes, expuestas sin consideración ni profesionalismo, en busca de un impacto ya premeditado a conveniencia. Y qué decir de criminales masivos como los directivos de algunos medios, y sus programadores, cuyas decisiones ponen en pantalla contenidos deformadores de la conciencia individual, haciéndola propensa a la desconfianza, la maldad la violencia y a la deshumanización generalizada, con el pretexto egoísta de alcanzar sus metas económicas y su ambición desmedida.

Otros que figuran en esta lista macabra de criminales psicológicos, son los maestros insensibles, que desmoralizan a sus alumnos haciéndoles dudar del valor de sus potencialidades. Igual sucede con sacerdotes militantes que olvidaron pensar por sí mismos y controlan su rebaño de fieles con culpa, miedo y una historia religiosa deformada, y obediente a poderes eclesiásticos mal concebidos.

Expertos en este tipo de delito invisible son los políticos, expertos en promesas incumplidas, omisiones y falsificaciones. Imposible para muchos de ellos escapar de este banquillo. Su delito, generalmente masivo, es causar en muy alto grado, decepción, y frustración en sus millares de electores.

En el mundo íntimo también hay crimen psicológico. En las pareja, por ejemplo, es frecuente la descalificación, el abuso sexual, la desatención, la manipulación económica, los celos enfermizos, la ofensa indiscriminada, la invasión al espacio personal o el abandono injustificado.

¿Qué hacer frente a todo esto? Comencemos por no practicar ni justificar estas modalidades de ataque a nuestros semejantes, en ninguna de sus manifestaciones o contextos. Si nos descubrimos en ello, es nuestro deber rectificar y evitar la reincidencia. Ayudar a otros a darse cuenta, promover la convivencia basada en valores más positivos y denunciar los intentos de algunos de abusarnos, son algunas soluciones viables y convenientes. El resto, se lo dejamos a Dios. Gracias por leerme.

Lic. Renny Yagosesky
Comunicador Social
Asesor Orientador
Escritor
Conferencista


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