
Como
Superar La Desesperación |
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Las
presiones que nos generan la competitivdad social, los cambios frecuentes
y bruscos, y la gran incertidumbre sobre el devenir, pueden llevarnos
a perder el control, la calma y la esperanza, y entrar en un estado
de mortificación conocido como desesperanza. ¿Cómo
evitar esta forma común de crisis emocional? Siga leyendo.
En un mundo competitivo, agitado y cambiante como el nuestro, es fácil
que nos veamos atrapados por situaciones que nos sacan de nuestro control. Hay
casos en los que resolvemos las dificultades de manera rápida y efectiva,
y otros, en las que todo lo que intentamos parece no funcionar. Son esos momentos
los que pueden llevarnos a nuestro límite y poner a prueba nuestro temple
y capacidad para salir adelante, y vencer ese sentimiento limitante y nocivo
que se conoce como la desesperación.
Mi definición de la desesperación es: un estado limitante
caracterizado por el desánimo, la autocompasión, la pérdida
de la esperanza, y por la incapacidad de resolver una situación o de escapar
de ella. Demanda solución urgente y tiende a afectar la ecología
global funcional de la persona.
Aunque existen situaciones que nos resultan inmanejables, como los llamados "actos
de Dios", (terremotos, maremotos, etc.) que no podemos ni predecir ni vencer,
la mayoría de los momentos críticos ante los cuales reaccionamos
con desesperación son responsabilidad nuestra. Algunos factores de personalidad
que pueden llevarnos a enfrentar crisis y momentos desesperados, son: imprevisión,
falta de fe y de confianza en nosotros mismos, ineptitud, orgullo y dificultad
para pedir ayuda.
Cuando una persona está a merced de la desesperación, sufre
una alteración de la percepción, y la forma como ve la realidad
es confusa e irreal. Ve las dificultades más grandes de lo que realmente
son, y se percibe a sí misma como pequeña, minusválida,
insuficiente o incapaz de hacer frente a los problemas y superarlos.
Las decisiones que tomamos desde la desesperación pocas veces son
las mejores. Nos vamos de las primeras, las acciones son poco prudentes y se
considera muy poco el factor consecuencias. Lo que importa es resolver la situación,
salir del malestar que estamos experimentando, sin percatarnos de los múltiples
aspectos que están en juego y los efectos que tendrán nuestras
acciones. Es por esto, por lo que sabemos de muchos casos, por ejemplo, de conflictos
de pareja y problemas de dinero, en los que las medidas tomadas para superar
la crisis terminaron creando problemas mucho mayores que los que pretendían
resolver.
Hay desesperación cuando la realidad nos dice que no llenaremos
nuestras expectativas; cuando luchamos y los resultados no vienen acordes con
los esfuerzos; cuando se acortan los plazos y no vemos alcanzable nuestra meta;
cuando creemos que algo malo nos sucederá y no vemos salidas inmediatas,
rápidas o fáciles; cuando la realidad nos resulta incontrolable;
cuando no logramos satisfacer nuestras necesidades: cuando la salud se rompe
y se aleja la cura; cuando amamos sin ser correspondidos; cuando hay hambre,
sed o frío; cuando nos desbordan la soledad o la injusticia; cuando no
logramos perdonar y, sobre todo, cuando no alcanzamos a encontrar a Dios.
Siendo así las cosas, sabiendo que existe el laberinto, ya conocido
el pesar, entonces, ¿qué hacer? ¿Hay vacuna para los desesperados?
Revisemos algunos caminos:
La aceptación
El gran secreto para derrotar el sufrimiento es la aceptación,
ver las cosas como son, mirar la realidad a la cara y vencer la tendencia a negar
los hechos. Este es el primer paso hacia la liberación, aceptar, aceptar,
aceptar más allá de nuestros deseos y preferencias. Cuando aceptamos,
la mitad de la batalla está ganada, o mejor aún, la situación
comienza a dejar de ser una batalla.
La autoconfianza
Ante situaciones que nos afectan y generan en nosotros reacciones desesperadas,
es necesario centrarse en uno mismo, observarse y poner atención en las
capacidades, dones, talentos, recursos, habilidades. Ante lo oscuro, no es sensato
concentrarse en la oscuridad, cuando la solución realmente está en
la luz. La conciencia debe desplazarse hacia nuestras zonas de poder. No funciona
autocompadecerse o autoflagelarse. Siempre será mejor ir al lugar dentro
de nosotros, donde laten la iniciativa y la creatividad.
La búsqueda de apoyo
Hay momentos en los que pedir ayuda es la mejor decisión, pues
lo que para nosotros resulta difícil o complicado, puede ser muy fácil
para otros. No tema buscar ayuda, abandone el orgullo, arriésguese a dejar
entrar a alguien que pueda tener una solución.
La fe
Cuando la lógica humana no es suficiente, cuando es muy grande
el poder de la adversidad, es tiempo de clamar a un Poder Superior. Formamos
parte de un plan espiritual, que no reconocemos, gracias al manto gris que han
dejado en nuestros ojos el egoísmo, el miedo, el pragmatismo, la codicia
y el utilitarismo. Lo que sucede tiene una razón para que suceda, aunque
nuestra manera básica, dual y elemental de razonar, del tipo, "bueno o
malo", "amigo o enemigo", "conveniente o inconveniente", "agradable o desagradable" no
nos permita captarla.
La acción
Muchas veces la desesperación nos paraliza y nos llenamos de una
ola de preocupación que no resuelve las dificultades. Es por eso que debemos
hacer algo, ya sea al estilo "pasitos de bebé". Un poco cada día
puede brindar mejores resultados que mucho hoy y nada mañana. Acción,
una acción reflexiva, es recomendable, dentro de lo que la angustia del
momento nos permita.
Siempre, mientras estemos en este nivel de consciencia marginal en el
que ahora vivimos, es seguro que nos sentiremos desesperados con cierta frecuencia,
mientras no aprendamos a vivir más en el presente, a confiar más
en nosotros y en Dios, mientras nuestras decisiones estén motivadas por
las necesidades superficiales del ego, el y mientras que nuestro sentido de identidad
personal se base más en lo que tenemos y hacemos que en lo que realmente
somos. Gracias por leerme. .
Lic.
Renny Yagosesky
Comunicador Social
Asesor Orientador
Escritor
Conferencista
Todos los
Derechos Reservados © Renny Yagosesky (Noviembre 14 2005)
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