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La ciencia
de hoy sabe con certeza que los sentimientos negativos influyen
en la aparición y sostén de numerosas enfermedades.
Asimismo, las interpretaciones positivas de los eventos y la capacidad
de perdona y olvidar, se ven como elementos favorecedores de la
buena salud. Siga leyendo.
En 1993 se realizaron
en USA cerca de 500 millones de consultas con terapeutas alternativos,
señal inequívoca de que se están descubriendo
nuevos caminos para la sanación y la salud, distintos a los
tradicionales. A mediados de los años cincuenta Ronald Hubbard
dijo a que cada persona llevaba dentro de su mente una serie de
"pensamientos demonio", causales de casi todos sus males.
Ya anticipaba el visionario lo que luego sería validado por
tantos especialistas de la curación: que las enfermedades
se relacionan en alta medida con bloqueos emocionales, derivados
de las interpretaciones limitantes que hacemos de situaciones y
eventos.
Es un hecho comprobado que pasar mucho tiempo asociados con estados
emotivos como la tristeza, la culpa, la apatía, el miedo
o la rabia, hacen que el Sistema Inmunitario del organismo, cuya
misión es protegernos de agentes nocivos, se debilita y nos
hace presa fácil de ciertas enfermedades. Si estas emociones
se prolongan, el daño puede llegar a ser irreparable.
Quizás sea por esto por lo que al ver la salud en un perspectiva
holística o integral, se entiende que sanar las emociones
es sanar el cuerpo, y es por ello que tantos terapeutas sensibles
e informados, recomiendan dos de los remedios más baratos
y efectivos que existen: meditar y perdonar. Aquí, revisaremos
más de cerca lo relativo al perdón.
Puede decirse que todos tenemos resentimientos o rencores hacia
otros en mayor o menor medida, pues nos hemos sentido subestimados,
humillados, ignorados, vulnerados, y entendemos como algo justo
recibir una disculpa o una indemnización por el daño
recibido, o simplemente podemos llegar a desear e incluso a ejecutar
una venganza.
Sin embargo, ya que cada persona percibe una realidad diferente
dependiendo de su mundo mental y su historia personal, podemos ser
injustos o empeorar las cosas con acciones inadecuadas de ajuste
de cuentas con lo que creamos un espiral de sufrimientos y destrucción
mutua, sin ganadores ni satisfacción.
Visto así, pienso que nada mejor que cerrar el paso al odio
en nuestros corazones y aprender a perdonar. ¿Y qué
significa perdonar? Perdonar significa renunciar a nuestro derecho
a la venganza, perdonar es decidir comprender antes que odiar, perdonar
es aceptar que todos somos ignorantes e inconscientes, y que la
persona daña otras, se daña también a sí
misma. Perdonar es aceptar que cada experiencia nos muestra una
responsabilidad no asumida y que algún lado positivo existe
en lo que me hiere que ahora no soy capaz de ver o entender. Perdonar,
es asumir que hay más de una forma de ver la misma situación
y que puede ver otros de esos ángulos para no llenarme de
rencor y deseos de dañar.
Perdonar, sin embargo, no significa ignorar o restar importancia
a ciertos hechos, aprobarlos o estar de acuerdo con ellos. No significa
tampoco darle la razón a quien nos lastimó, ¡No!
Significa que estamos listos para dejar de lado, sacar, y quitarle
poder y peso a los pensamientos y emociones limitantes que nos acechan
y minan nuestra paz, nuestra alegría y nuestra felicidad.
El perdón es un ejercicio de liberación emocional
que cura el cuerpo y sana el espíritu. Es una expresión
de amor hacia nosotros mismos, de potencia liberadora. Es aceptar
que lo que pasó no debe subyugarnos de por vida; es pues,
una declaración de que puedes mejorar, de quieres mejorar
y retomar el control de tu existencia. Perdonar es abrirnos a una
forma de ver la vida desde una óptica más inteligente
y compasiva, para poder comprender que todos nos equivocamos y que
algún día también podríamos necesitar
ser perdonados. ¿O es usted de los que cree que los pecados
de los otros son siempre peores que los suyos? Creo, como Dale Carnegie,
que quien hace daño lo hace por ignorancia.
Visto desde una óptica menos materialista y más espiritual,
y basándonos en la denominada "Ley de Causa y Efecto,
podemos afirmar que en el plano espiritual no existe la injusticia,
pues todo lo que haces te será hecho.
Pese a estos razonamientos, muchos, quizás demasiados se
niegan a perdonar. ¿Por qué? Por varias razones: 1-)
Tenemos una idea ilusa de que las cosas no deberían haber
sido como fueron o que no deberían ser como son. 2-) Asumimos
que hemos sido dañados de manera premeditada, tomamos las
cosas como algo personal, 3-) Queremos que las personas, la vida
o el mundo sean como lo deseamos. 4-) por soberbia y por el empeño
de "tener siempre la razón" aunque en el intento
perdamos mucho o lo perdamos todo. Cuando no perdonamos, dice Ramón
Samso, demostramos tener poca fe y un claro temor de que se repita
lo que nos llena de rencor.
Por vía de la lógica, perdonar es una decisión
adecuada, pues nos confronta con que el pasado sólo existe
como un paquete de recuerdos que podemos traer, modificar, disolver
o reprimir. Aunque sabemos que hay casos en los que las consecuencias
nos recuerdan los hechos que detestamos, olvidamos que no son los
eventos los que nos hacen reaccionar negativamente, sino la interpretación
que de ellos hacemos. Por fortuna podemos sanar y conviene saber
que existen técnicas para reducir la fuerza de las emociones
negativas y una ayuda terapéutica puede ser necesaria y útil.
¿Y cómo saber si ya hemos perdonado? Lo sabremos cuando
consideramos que no hay más deuda que cobrar. Vivir resentidos
es una muy mala manera de vivir. Perdonar es una forma de amar,
perdonar libera, perdonar sana. Gracias por leerme.
Lic. Renny Yagosesky
Comunicador Social
Asesor Orientador
Escritor
Conferencista
Todos
los Derechos Reservados © Renny Yagosesky (Agosto
29 2005)
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