
|
|

En el lapso
de una vida normal, cada persona toma millones de decisiones, muchas
de las cuales pueden desagradar a quienes le rodean, por lo que
se hace necesario aprender a resistir las opiniones de otros acerca
de nosotros o nuestras acciones.
Aunque es algo relativamente normal opinar sobre la vida de otros,
existen personas cuya diversión principal parece ser juzgar
el comportamiento de su prójimo. De esos, que el escritor
Robert Ringer ha catalogado como los "moralistas absolutos",
nos toca aprender a defendernos.
El moralista absoluto, es un motorizador de críticas, un
impulsor del "qué dirán", una persona que
invierte gran cantidad de tiempo y energía diaria a observar
y dirigir y dañar la vida ajena con su filosa, venenosa y
vertical moralidad.
Lo más frecuente en la vida de estos intrusos, es observar
detalladamente el quehacer del vecino, de, amigo, del pariente o
del amigo, para luego hablar mal a sus espaldas o empeñarse
en "arreglarles la existencia". ¿Y qué podemos
hacer? Derrotar al moralista absoluto y al temor al qué dirán.
El moralista absoluto se reconoce por su interés en la vida
ajena, por la astucia con la que protege su información privada
y busca conocer los detalles de la vida ajena. Su arma es la opinión
negativa, la crítica. Al ser detectado, se le puede anular
evitando hablarle, negándole nuestra información,
restringiéndole la conversación y en última
instancia confrontándolo.
Recuerde: Sea cauteloso y prudente. No cuente sus errores, sus travesuras,
sus fracasos o sus proyectos, sino a gente positiva y de su extrema
confianza. Así evitará sugerencias, críticas
y recomendaciones no solicitadas.
También para reducir la crítica, usted puede tomar
al decisión de adaptarse, de actuar como se espera que usted
lo haga, pero debe estar consciente que hacerlo representa un sacrificio
a su espontaneidad, y debe preguntarse si es eso lo que desea. Algunos
pueden hacerlo sin problemas, mientras que a otros les resulta intolerable
no ser ellos mismos. Podemos jugar un juego sin tener por ello que
terminar creyéndolo. Adaptarse generalmente una decisión
inteligente, que nos permite conocer las variables reinantes en
cada contexto y seleccionar las respuestas adecuadas, pero debe
ser transitorio y circunstancial para no vivir falsamente y en consecuencia
"morir por dentro".
Como contraste a la idea de la adaptación, Og Mandino, uno
de los autores más leídos de las últimas décadas,
nos dice que proclamemos nuestra individualidad, que contemos nuestros
dones y que actuemos con amor, es decir, que seamos auténticos
y revelemos lo que nos hace únicos.
Para vencer al qué dirán, desde adentro, necesitamos
madurar, descubrir lo que somos y vivir de acuerdo a ello, sabiendo
que las personas temen a lo que es diferente y tienden a criticarlo.
Aún así, debemos buscar y encontrar nuestro propio
camino, nuestra luz personal e interior. No en vano la naturaleza
nos hizo distintos a cada uno y nos dio, además, el poder
de elegir. No creo que debamos sacrificar aquello en lo cual creemos
para complacer el morbo de los tontos y los miserables. No es una
buena vida, esa en la que se depende de la opinión de gente
que por lo general ni siquiera nos conoce.
Comprendo y sugiero que escuchemos opiniones, que los hijos valoren
las recomendaciones paternas, que los empleados atiendan al llamado
de sus jefes, que los alumnos aprendan de sus profesores, y que
vivamos alerta a las opiniones diversas, pero nunca, por ello, perdamos
nuestra identidad ni renunciemos a nuestra personalidad más
auténtica, a cambio de migajas de aceptación y cariño.
El "qué dirán" debe ser enfrentado desde
la autoestima; debemos darle a la gente la opción de opinar,
pues es su derecho a pensar lo que deseen de cuanto deseen, sin
que ellos ni sus opiniones sean frenos a nuestro poder o al albedrío
extraordinario del que hemos sido dotados. Tú tienes la opción
de pensar, sentir y actuar por ti, no desprecies tan generoso regalo,
por la ansiedad de evitar uno que otro comentario. Piensa en esto:
Sólo al árbol que da fruto se le tira piedras; quien
puede, hace; quien no, critica. Vive, vive y deja vivir. Esa es
la ley. Gracias por leerme.
Lic. Renny
Yagosesky
Comunicador Social
Asesor Orientador
Escritor
Conferencista
Este
artículo es propiedad intelectual de Renny Yagosesky. Si
va a ser reproducido total o parcialmente agradecemos respetar el
Derecho de Autor.
|
|