¿Por Que Chocamos con La Gente?
---Lic. Renny Yagosesky

Vivir en sociedad es un reto difícil que nos coloca en la posición de desarrollar una individualidad en medio de la uniformidad de los conglomerados que forman parte de nuestros entornos de crianza y socialización.

Crecemos con gente a nuestro alrededor y con gente interactuamos a lo largo de la vida. Y aunque quisiéramos llevarnos bien con todos, las diferencias de personalidad, de deseos, intereses y necesidades, además del estrés cotidiano, la alta competitividad y los cambios frecuentes, inesperados e indeseados, estimulan entre nosotros y nuestros allegados y relacionados, roces y fricciones que debemos evitar o enfrentar y resolver.

Para resolver un problema, puede ser conveniente conocer las causas que lo generan o activan. Algunas de esas que abren la puerta a relaciones tensas y que propician enfrentamientos interpersonales, son: mentir y ser descubiertos; aconsejar a quienes no piden consejo; imponer nuestras ideas por la fuerza; subestimar a otros y actuar con arrogancia; discriminar a quienes son diferentes a nosotros; exponer nuestra verdad como "la verdad"; no aceptar nuestros errores; y, en general, insistir, muchas veces de manera inadecuada, en tener razón.

Es importante notar que cuando discutimos con otros, tenemos pocas probabilidades de que cambien su opinión. Así que casi siempre resulta en pérdida de energía, de tiempo y de amistades. Demasiadas cosas tienen que suceder en la vida de cada persona para que esta deje de ser como es. Todos tenemos arquetipos básicos de personalidad, muchas de ellos reforzados por la familia y el ambiente.

Internaste resulta el planteamiento de James Redfield, autor de "La novena revelación" quien ve las discusiones desde el punto de vista de la energía, y afirma que cuando las personas estamos frustradas perdemos temporalmente nuestra energía, y al no saber como recuperarla y llevarla a su estado óptimo (que suele lograrse con relajación, respiración y meditación) utilizamos a los demás para robarles en diálogos tensos, parte de su cuota de energía diaria de funcionamiento. Eso explicaría el hecho de que quienes ganan las discusiones se sienten fuertes y quienes las pierden se sienten débiles y desdichados, con deseos de dormir y llorar. Podría no ser casual que tantos hijos de padres dominantes sean encorvados, tímidos e inactivos.

Para comprender el origen de los choques humanos, es útil entender cómo funciona el mecanismo de la percepción: Cada persona percibe y entiende los fenómenos de manera distinta. Un divorcio puede ser visto como positivo por una mujer, mientras que para otra puede representar un fracaso o una desgracia. Ganarse un premio de lotería puede hacernos sentir esperanzados o atemorizados. Por ejemplo en la comunicación, una cosa es la que uno dice y otra lo que otro escucha, pues no todos tienen el mismo vocabulario, la misma emoción, ni las mismas expectativas.

De manera que como cada persona tiene una visión y una interpretación diferentes de cada situación, experiencia o evento, y en vista de que cada individuo lleva en su interior una idea de cómo las cosas debería ser o suceder, se entienden las diferencias y los choques cotidianos.

Otro factor de discordia en la comunicación es la semántica, pues una palabra puede tener significados diversos dependiendo el contexto en el que es usada. ¿Qué significa la palabra "mono"? Una animal, una deuda, de un valor único, una prenda de vestir, chusma, etc. Todo depende de la circunstancia e intención en l que se emplea el vocablo.

Para evitar choques es fundamental convencerse que cada persona es diferente; que la forma como usted y yo vemos el mundo no es igual; que existen factores como edad, raza, sexo, nivel cultural, nacionalidad, nivel socioeconómico, circunstancias del momento, estado emocional, etc. que influyen en la creación de armonía o de conflictos. Pregúntese ¿por qué los demás deberían pensar, sentir o actuar como usted?

Evitar choques es posible cuando aprendemos a conocer y comprender las causas por las que los demás hacen lo que hacen. Cuando decidimos voluntariamente superar estilos viciados de vincularnos y aprender a relacionarnos de manera más respetuosa y digna.

¿Se imaginan una familia en la que los padres recuerden que los niños no son adultos todavía; en que los adolescentes entiendan que los abuelos no tienen por qué caminar más rápido; en que no se discrimine a la señora de servicio por el color de su piel, por no saber leer o por ser extranjera; en que todos se escuchen entre sí en vez de acusarse o gritarse? Afortunadamente es posible hacer algo, cambiar, mejorar, evolucionar. Gracias por leerme.


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