Como Curar un Corazón Herido
---Lic. Renny Yagosesky

El ser humano es un ser de relaciones. Desde el mismo momento del nacimiento, requerimos de relaciones de apoyo y nos convertimos en seres dependientes, incapaces de sobrevivir sin atención inmediata y constante. Alimentación y cuidado, afecto y calor humano, se nos hacen indispensables para crecer sanos mental y físicamente. Por contraste, la carencia de estos elementos nos afectan en alto grado y de formas a veces irreversibles.

Sin embargo, esta atención, estos vínculos de orden primario y familiar, tienden a romperse en la medida en la que crecemos y vamos en busca de la individualidad y la independencia. Esto es parte de una ley natural que nos lleva por una larga cadena de inicios y finales, de vínculos y separaciones, de ganancias y pérdidas, de encuentros y desencuentros.

Hay separaciones y rupturas a lo largo de toda nuestra vida aunque no lo notemos o nos cueste mucho aceptarlo. Es así cuando salimos del vientre materno; cuando se nos aleja del pecho nutridor y debemos comer por cuenta propia; cuando ingresamos a la escolaridad y dejamos el confort de la casa; cuando comenzamos a trabajar; cuando cambiamos de pareja, de trabajo, o nos mudarnos de casa. Cambian nuestros pensamientos y sentimientos, como algo normal nada censurable.

Nuestra incapacidad para aceptar la realidad del cambio, de la pérdida, de la ruptura o de la separación, nos lleva a caotizarnos la vida, a agredirnos o agredir a otros. Rendirnos y enfermarnos, son algunas decisiones infantiles y extremas, derivadas de la evasión o negación de un proceso natural, universal y frecuente.

Estos cambios, como es de imaginar, suceden también en el contexto de pareja. Toda pareja, aunque con velocidades, formas e intensidades diferentes, pasa por una secuencia pocas veces alterada de atracción, cortejo intimidad y compromiso. Sin embargo, son muchos, tal vez demasiados, quienes abordan las relaciones afectivas de manera rígida, con evidente dificultad para aceptar que todo se mueve en el tiempo, e inevitablemente se trasforma.

Por eso es tan importante aprender a prepararnos para los cambios y evitar así el impacto devastador de los hechos, cuando llegan. Es una ilusión pensar que podremos mantener cerca a todas las personas con quienes nos hemos relacionado. Algunas deben irse para que otras puedan llegar y actuar en nuestro presente. Esa es la ley de la vida y a ella nos debemos. A veces lo mejor es que se rompa la cuerda y cese de una vez por todas la tensión agotadora.

No es algo demasiado inteligente nuestra tendencia a sostener vínculos gastados, tortuosos y hasta enfermizos, por razones como mantener la imagen, la salud mental de los hijos, intereses económicos o atracción sexual. Todo apego cobra un precio que suele ser en ocasiones demasiado alto.

El estilo compensatorio de "un clavo saca otro clavo", que consiste en salir con alguien que no te interesa para mitigar el dolor de una ruptura o un abandono, es simplificador y tiende a complicar las cosas y a convertir la solución en un problema adicional. Actuar por despecho para llenar vacíos no funciona, pues es un escape que no resuelve el problema de fondo. Es necesario y preferible dejar que sanen las heridas antes de exponerlas de nuevo a un viento fuerte. Tampoco concuerdo con las manipulaciones culposas como: "Te vas después de que te lo di todo","si te vas me muero", "si te veo con otro(a) te mato". Todas, burdos manejos para controlar la vida de otros, cuyo derecho es seguir o irse, cuando así lo decidan. Cada quien que asuma lo suyo. De la costumbre de vigilar o perseguir al que ya se ha ido, diré que nos degrada y debilita la autoestima.

Las verdades que duelen pero ayudan, son:;; la gente cambia de necesidades y de intereses; ; la libertad es condición para la felicidad; y, además, cada uno de nosotros tiene derecho a elegir con quien relacionarse.

Vivamos las relaciones si funcionan, pero estemos listos si el viento cambia, para decir un adiós y seguir adelante confiando en nosotros, en la vida y en Dios.

Para poder sacar lo mejor de una separación y superarla en menor tiempo:

- Nadie es de nadie.
- No hay ni habrá garantías en las relaciones.
- Todo cambia, incluso las personas.
- El amor no es una obligación.
- Las relaciones, cortas o duraderas, siempre terminan por separación o fallecimiento.
- Es humano que algunos se aburran o dejen de amar.
- Las personas hacen promesas que no siempre quieren o pueden cumplir.
- Cada quien "es dueño" de su vida.
- Las amenazas, culpabilizaciones u ofensas sólo empeoran las cosas.
- Si no hay más remedio, aceptemos y pongamos tiempo y distancia de por medio.
- Evitemos las excusas para reiniciar el ciclo torturante de estar y no estar.
- Dejemos de pensar que si un ser querido se aleja o "nos deja", quedamos rebajados.
- Perdonémonos por actuar con debilidad y perdonemos al que se va o se fue.
- Revisemos y agradezcamos todo lo que recibimos de la relación.
- Dejemos de averiguar la vida de quienes ya no nos acompañan.
- Hagamos ejercicios de visualización de desapego emocional y aceptemos el adiós.
- Al estar preparados, busquemos una nueva oportunidad o disfrutemos la soledad.

Quienes se marchan, más que enemigos, son maestros que nos enseñan madurez, amor propio, autorrespeto, autovaloración. Gracias por leerme.

Lic. Renny Yagosesky
Comunicador Social
Asesor Orientador
Escritor
Conferencista


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