El Erotismo y el Género

Renny Yagosesky

El ser humano es un ser de naturaleza erótica. Posee una alta cuota de energía sexual que despliega en pensamientos, palabras y actos. Sin embargo, cada género, tiene su propio código, su propio lenguaje. Siga leyendo.

No hay un ser en el mundo que no posea energía sexual.  Esa energía se expresa de mil formas, en pensamientos, palabras y acciones,  y es, incluso, responsable del surgimiento de nuestras vidas.
Podemos definirlo de muchas maneras: como la expresión del deseo sexual, y la capacidad de experimentarlo. Como  la capacidad que nos permite estimular la mente para producir placer, como el componente estético del amor. Para otros, es el punto medio entre lo que se quiere y lo que se puede expresar. Es, en sí, una potencia humana poderosísima que enriquece la vida y nos lleva al terreno de la fantasía y el placer.

En su despliegue, sin embargo, el erotismo se expresa  diferencias en cada género, de forma tal que revela  matices específicos y diferenciadores en hombres y en mujeres. Las  investigaciones señalan que cada uno tiene deseos, fantasías y tendencias distintas.  Por Francesco Alberoni, estudioso del tema, y autor del libro "Erotismo" ha escrito que, con frecuencia, cada sexo se imagina al otro diferente a como realmente es, y espera cosas del otro, que no podrá nunca recibir.

Considera que el erotismo masculino es en mucho visual y genital, mientras que el femenino es más táctil, muscular y auditivo, ligado a los olores, la piel y todas las formas posibles de contacto.  Se piensa, hoy en día, que las mujeres tienden a disfrutar menos que los hombres de las fotos de desnudos, y se puede destacar que la prostitución masculina es casi inexistente en comparación con la prostitución femenina.

El hombre desea una mujer que no se le resista, que lo complazca sin exigencias. Pero la mujer desea que él la busque, que insista y demuestre verdadero interés, y que además la conserve. Teme ser usada y abandonada, por lo que espera a que el hombre insista y demuestre que la prefiere.
Mientras  las mujeres  compran y leen  millones de ejemplares de novelas rosa cada  año, los hombres prácticamente son indiferentes a tales publicaciones. El interés de las damas  por las cremas, las sedas, las pieles, tiene un significado más erótico que social. Las mujeres también parecen ser  más sensibles al ritmo, los colores y la música en general. Es indiscutible  que las mujeres expresan una sensibilidad muy superior a la de los hombres.
Toda esa diferencia en el erotismo de cada sexo, se manifiesta también en el cortejo. Para la mujer es más deseable el hombre confiado y seguro que no duda, pero tampoco arrolla. Puede gustar del tipo de hombre-niño, tímido e inseguro que demanda protección, pero prefiere al varón audaz y determinado. Ella disfruta de la fuerza y virilidad masculinas, aunque puede preferir a uno menos atractivo si le asegura estabilidad. Es así, porque ansía una relación erótica continua, en la cual poder ver, oler, oír y tocar a su amado. El hombre, por el contrario, luego del vínculo físico, después de complacerse,  se aleja, pues se aburre luego de la cazaría, y teme sentirse atrapado o poseído. Además, no valora de igual manera el contacto  permanente, salvo que se encuentre muy enamorado. Su erotismo es discontinuo, y no logra igualar la profundidad con la que la hembra se vincula, se entrega y permanece.
Cuando la mujer se percata de que el hombre puede separar con facilidad sexo de amor;  cuando ve que  su pareja  cambia de estado de ánimo y pasa de desearla mucho a hacer otras cosas  para ella "triviales" como estar con sus amigos, lavar  el carro o  jugar  caballos,  se asusta, desconcierta y entristece, y piensa frecuentemente que no se le quiere ni se le valora; que es un objeto que se ha tomado y dejado. Cela y reacciona contra la lógica amatoria masculina, que es fluctuante y pendular entre la individualidad y el apego, del deseo de ser amado al deseo de libertad. Por eso cuando la mujer cree que lo tiene, él se aleja, y cuando lo siente perdido lo ve regresar.
En lo erótico, hemos dicho, lo femenino es constante y lo  masculino inconstante. Ella es total; el parcial. Ella estable; el intermitente.  Ella vibra sin pausas por el camino del tiempo.  El se enciende  ahora y se apaga luego. Para la percepción femenina, una llamada, una rosa, un poema son grandes cosas. Para la tendencia masculina basta con sentirse especial, picar y volar. Ella recuerda una relación, hasta que comienza otra. El recuerda momentos especiales, casi fotográficamente, sin  importar las relaciones  que haya tenido.

Para Alberoni la mujer adora el divismo, lo que suena y brilla, la farándula, la vida  íntima de los ídolos. Le impresionan  y estimulan los ganadores, los líderes, el estatus y el prestigio. Al hombre, por su parte, le seduce con fuerza de imán, una pierna descubierta o un pecho semidesnudo, aunque esté acompañado de la mujer que ama. En el fondo es un niño que quiere ver y comer siempre más. Al no comprender esto, la mujer sufre episodios de rabia, celos y envidia porque "su hombre", el que le habla de amor, se excita fácilmente con la vecina, la amiga o la modelo que apareció en el comercial o en la película borrosa de  un simple video.

Así como la mujer espera que el hombre la busque y le asigna esa responsabilidad, él espera de ella que estimule y mantenga la atracción. Lo puede hacer implementando cambios, siendo flexible, "estirando y encogiendo", rompiendo las rutinas. El hombre puede ayudar a una mejor relación, desarrollando consciencia del funcionamiento femenino, de la alta sensibilidad  de la mujer, y dejando salir su lado tierno, dulce y estable. Hay que dejar de lado el chantaje femenino, el manejo de la culpa, la persecución  y los celos, así como  la tendencia promiscua que parece brotar de la naturaleza  masculina. Son retos para cada lado. Del azul  y  el  amarillo, puede surgir un verde que a ambos complazca. Gracias por leerme.

Lic. Renny Yagosesky
Comunicador Social
Asesor Orientador
Escritor
Conferencista

Todos los Derechos Reservados © Renny Yagosesky (21 de mayo de 2008)