Las Personas Indeseables
---Lic. Renny Yagosesky

Aunque desde el punto de vista humano ninguna persona debe ser ignorada, rechazada o tratada como inferior, debemos encarar la realidad de que no todos aquellos con quienes nos topamos nos resultan agradables, ni todos lo que se nos acercan resultan convenientes a nuestros planes o proyectos.

Se trata de personas que nos "caen mal", ante las cuales experimentamos disgusto, aversión o incomodidad debido a su manera de pensar, actuar, comunicarse o ser.

Podemos encontrar desagradables a quienes hablan mucho y escuchan poco; a quienes actúan de manera descortés y desconsiderada; a quienes ignoran su arreglo personal o carecen de formas sociales; o a quienes parecen pragmáticos u oportunistas y parecen querer usarnos para su beneficio, sin dar nada a cambio.

Un poco más allá, nos encontramos con personas cuyos estilos de comportamiento todavía más desagradables e incluso peligros. Sus costumbres ahuyentan a quienes se encuentran en su perímetro de relaciones. Los más comunes entre ellos, son: los drogadictos, los perfeccionistas, los deshonestos, los hambrientos emocionales y los violentos.

Los drogadictos
De los adictos a las drogas diremos que, aunque lamentablemente padecen una enfermedad que tuerce su voluntad, causan estragos a sus relacionados más cercanos, por lo que tenerlos cerca puede convertir nuestra vida en un verdadero calvario. Debemos ayudarlos, sin dejar de considerar que ellos requieren asumir su responsabilidad y apoyarse para poder sanar, y comprender que en ocasiones, mantener una sana distancia puede ser lo mejor.

Los perfeccionistas
Los perfeccionistas son personas difícilmente tolerables, pues nadie desea estar cerca de quienes actúan como sabelotodos o como perfectos. Los perfeccionistas son inquisitivos, su sello especial es decir la última palabra y declarar con falsa modestia: "si, claro, ya yo lo sabía". Para ellos el mundo comenzó con su nacimiento y nada antes de ellos era notable, inteligente o valioso. Además, son especialistas en buscar defectos. Sólo así pueden perpetuar su enferma y tonta ilusión de superioridad. Algún día descubrirán que, como todos, se equivocan, envejecen y mueren. Lo mejor es no tomarlos en cuenta, pues vale poco mostrarles sus imperfecciones, ya que están formados para justificarse y ver "la paja en el ojo ajeno, antes que admitir la viga dentro del propio".

El otro grupo de cuidado es el de "los deshonestos". Son individuos peligrosos porque han desarrollado la indolencia y el arte de la mentira. Se hacen pasar por amigos, hurgan en las vidas ajenas buscando información, y se preparan para dar el zarpazo final cuando uno menos lo espera. Algunos de ellos se interesan demasiado en la vida ajena, su tendencia a no dar información sobre ellos y por un exceso de simpatía injustificada que opera como carnada, poco antes de tirar la red. Mienten con asombrosa facilidad y al ser descubiertos, se molestan y atacan o tratan de quitarle valor su error con chistes o trivialidades.

Los hambrientos emocionales son personas que sufren mucho y carecen de autoestima. Se sienten inferiores, malos, feos, incapaces o vacíos. Su mecanismo es peligroso porque juegan el juego del entregado. Sus frases favoritas son: "soy para ti", "te lo daré todo", "te amo más que a nada en el mundo", para luego pasar factura si no ven recompensadas sus intenciones. El hambriento emocional es compulsivo; puede llamarte diez veces en un día, hacerte regalos y favores que no le has pedido, y acosarte hasta la agonía, con la excusa del amor. Se aman tan poco y necesitan tanto de los demás, que los espantan. Su estilo "atracción fatal" hace que la gente se canse y diga adiós, con lo que terminan sintiéndose culpables, despreciados y abandonados.

Los violentos son un estereotipo de personas con estilos de acción muy intensos. Estas personalidades solares han sido generalmente maltratadas en la infancia. Su estilo de vinculación se basa en la imposición por la fuerza. Poseen gran debilidad psicológica y viven atrapadas en obsesiones y traumas. Sus gestos corporales suelen ser duros y agresivos, tienden a querer tener razón y se hacen retadores y conflictivos con cualquiera que muestre oposición a sus deseos. El violento obliga a otros a complacerle. Es rápido para insultar y golpear, pues carece de la inteligencia emocional para dialogar o empatizar. Con ellos lo mejor es alejarse y evitar retarlos, pero nunca justificarlos o tolerarlos por miedo.

A veces nos toca kármicamente, vivir o estar cerca de personas así, otras las atraemos, y en ocasiones podemos ser nosotros quienes actuemos de estas formas antes descritas. Como sea, tenemos la opción de no actuar así, de apoyar a quienes lo hacen, y de evitar atraerlos a nuestras vidas.

Debo aclarar que nadie puede ser encerrado en un etiqueta, pues los seres humanos somos integrales y podemos actuar de muchas formas distintas. Estas tipologías, sin embargo, muestran tendencias y llevan una intención esencialmente didáctica para favorecer la comprensión de ciertos estilos nocivos de comportamiento y las formas en las que podemos evitar o escapar de sus redes. Gracias por leerme.

Lic. Renny Yagosesky
Comunicador Social
Asesor Orientador
Escritor
Conferencista


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