Las Bondades de La Soledad
---Lic. Renny Yagosesky

Uno de los mayores temores que parece abrigar el corazón humano, es el temor a la soledad. Para muchos, estar solos es poco menos que un castigo, una desgracia que les hace experimentar reacciones de ansiedad, depresión y culpa. Para otros, paradójicamente, es un espacio de revisión y reencuentro, ideal para acercarse a la tan anhelada paz, cada vez más difícil de encontrar en el contexto de vida actual neurótico y urbano.

Para Erich Fromm, uno de los grandes pasicoanalistas de los últimos tiempos, las personas llevamos instalada en el alma una gran pena que el ha tipificado como el "trauma de soledad", especie de vacío interior por demás doloroso, que comienza en el momento de nuestro nacimiento, cuando somos separados casi siempre de manera ruda, del tan amado hasta entonces, cordón umbilical materno. Dicha separación - a juicio del especialista- nos acompaña como un tatuaje emocional, por el resto de nuestras vidas, con el único y eventual alivio de ocasionales experiencias sexuales que nos hacen olvidar de manera intermitente nuestra forzada condena.

Si revisamos la óptica de algunos conocidos místicos y escritores espiritualistas, la soledad sirve para alcanzar el silencio, requisito indispensable para a través de la meditación, poder avanzar en el desarrollo de nuestra parte espiritual. "La soledad ayuda a lograr quietud en la mente, lo cual nos permite superar esa persistente sensación de separación y aislamiento que tenemos con respecto al mundo que nos rodea, y nos ayuda a conectarnos con todo lo existente, en una experiencia sagrada indescriptible que algunos han llamado, "nirvana", "satori", "samadhi"o "ilumuincación".

Si observamos el mundo actual, lo encontraremos competitivo, deshumanizado, veloz, cambiante y automatizado. En medio de esas características es comprensible que las personas se sientan tensas, angustiadas y solas, a pesar de que más de seis mil millones de seres compartimos el mismo espacio común, que es el planeta "Tierra".

Por lo general se quejan de la soledad quienes no encuentran pareja y quienes la han perdido; quienes no profesan creencias religiosas y se asumen autosuficientes; quienes temen relacionarse de manera abierta y honesta; quienes llevan en su memoria el fantasma del abandono paterno o materno; quienes no han encontrado solidaridad en momentos de dificultad; aquellos que no se parecen al promedio de la gente son o parecen extraños o diferentes; quienes son segregados por la sociedad por "viejos", "enfermos" o "locos"; y quienes han sido aprisionados físicamente en cárceles y otros lugares de reclusión.

Otros, también condenados a la soledad, son los mentirosos y embaucadores cuyas puertas se cierran en proporción al número de gente que engañan. Los pobres no se quedan atrás y suelen ser dejados de lado por buena parte de la sociedad ocupada en su prosperidad particular. En fin, todo aquel que carece no sabe o no puede acceder a las oportunidades y derechos sociales, llega a estar o a sentirse solo de alguna manera.

Sin embargo, y aunque sea una verdad el hecho de que nacemos y morimos solos, existen otras maneras de entender el asunto. Por ejemplo, cada persona tiene una buena posibilidad de lograr que cierta gente se le acerque, lo escuche y acceda a crear vínculos que pueden llegar a ser sólidos y consistentes. Sin embargo, para ello se requiere iniciativa, respeto por los demás, un fuerte deseo de relacionarse con otros y la apertura de aceptar a cada quien como es, sin pretender cambiarlo ni juzgarlo. Actuar en vez de esperar, aceptar en vez de criticar y cooperar más que competir, son facilitadores de las relaciones y armas para vencer la soledad física. En cuanto a la soledad interior, esa que se vive aún estando cerca de otros, debe ser superada con base en la autoconfianza y en la cercanía a Dios y a la plenitud espiritual.

El lado bueno de la soledad, en pare ya mencionado, es que es un estado óptimo y hasta necesario para la reflexión y el autoanálisis; para la búsqueda de soluciones; para la revisión de nuestros actos y hábitos; y para facilitar un replanteamiento de metas y estrategias de logro. Sabemos de casos en los que grandes obras tuvieron su génesis en la soledad. No es justo asociar la soledad con tristeza, aburrimiento y derrota. Incluso para quienes se sienten que les ha llegado una soledad forzada por la perdida de seres queridos, queda la esperanza de la inmortalidad del alma y de la reencarnación y reencuentro en vidas futuras.

En realidad, la soledad es una decisión voluntaria o un resultado forzoso generalmente transitorio. Siendo honestos, es más sensato aceptar que en muchos casos lo que verdaderamente ocurre, es que no sabemos atraer y conservar relaciones positivas. De cualquier forma, ni estamos condenados a la soledad, ni ella es necesariamente "mala consejera". Gracias por leerme.




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