Los Pecados de la Lengua
---Lic. Renny Yagosesky

Hablar es un poder. Es un don que nos da la naturaleza y que se desarrollacon la ayuda del proceso de socialización, en el cual aprendemos el lenguaje y la habilidad de usarlo inteligentemente, para lograr objetivos y alcanzar bienestar general.

Eso debería ocurrir, al menos en el plano ideal, pero es común y visible para cualquiera que en lugar de poner esta capacidad al servicio de la unidad, la satisfacción de nuestras necesidades más importantes, favorecer las buenas relaciones y potenciar nuestra productividad y una mayor calidad de vida, la usamos, más bien, para herir, dividir, o destruir, cometiendo lo que he bien podríamos denominar aquí: los pecados de la lengua.

Los pecados de la lengua son esos errores, limitaciones o defectos que revelamos en la comunicación, y que surgen como producto de pensamientos inadecuados, reacciones impulsivas, emociones limitantes o intereses malsanos.

Existe referencia antigua sobre esto, y es el caso que en la Biblia, en Santiago 3:7y8, puede leerse: "Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal."

También es bíblica la frase de los proverbios (15:1) que reza: "La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor." Y se adjudica a Jesús, según Mateo, la reflexión de tolerancia: "No juzguéis para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido." No menos famosa o
contundente es la sentencia también reseñada en la Biblia por Mateo: "¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano."

Para ir al punto, veamos algunos de los pecados de la lengua más comunes: La verborrea, el chisme, la indiscreción, la mentira, la ofensa y la crítica.

La verborrea no es más que una verbosidad excesiva, un estilo comunicativo desgastante en forma de charla incontenible pocas veces justificada, que tiende a bloquear la comunicación y a agotar al oyente.

Es un pecado de la lengua, por cuanto nos aleja de la paz mental, evita que aprendamos escuchando, irrespeta las ideas del otro y representa un camino a un gran derroche de las energías mental y corporal.

El chisme es una costumbre extendida aunque muy nefasta, pues se considera una manera de esparcir información, sea esta verdadera o falsa, presentada en forma de murmuración, que lleva, generalmente, la intención de difamar a una persona, grupo o institución. Tiende a causar daños a veces irreparables, por lo que se considera una modalidad ruin y de baja calaña.

La indiscreción es otro de esos pecados, mediante el cual decimos lo que no debemos, o lo decimos en un lugar o momento inadecuado, o a personas que no deberían haberse informarse de lo que les ha sido revelado.


La mentira es quizás la peor de todas, pues no se trata de exagerar sino de falsear la realidad, de alterar los hechos hasta hacer desaparecer lo fidedigno. La mentira ha sido explicada por algunas corrientes de la psicología como una respuesta que emerge a causa del miedo al rechazo o al castigo. Como compensación generada por una clara falta de autoaceptación y
una carencia visible de asertividad. Mentir puede, como evasión o escape temporales, ahorrarnos un momento tenso, pero refuerza el temor, crea culpa y con cada mentira, La ofensa es otra vía por la cual causamos estragos o pecamos con la lengua.

Ofender significa atacar, herir o maltratar a alguien como respuesta a un capricho de maldad o a un resentimiento que se estima justificador de la ofensa que se profiere. Las ofensas tienden a causa gran daño y a perdurar en la memoria, pues son vistas como ataques voluntarios y premeditados a la importancia personal. Basta con recordar la manera como nos hemos sentido cuando somos ofendidos para captar su efecto claramente.

La crítica es un pecado de la lengua que se ha convertido en hábito común entre la gente. Criticar es juzgar desde nuestras experiencias y prejuicios, las cualidades o defectos de las personas o sus obras.

Tiende a usarse como forma de censura y revela incomprensión, inaceptación y a veces poco respeto por las naturales diferencias de personalidad. Criticamos y al hacerlo desvalorizamos a los demás y nos sentimos falsamente superiores. Además la tendencia es a criticar a personas ausentes que no pueden defenderse.

Como vemos, todos estos hábitos o pecados de la lengua, tienden a ser nocivos para nosotros y para las relaciones. Por lo que recomiendo que trabajemos en estos hábitos limitadores para crear una forma de vinculación más ética, responsable y afectivamente mucho más productiva.

Hagamos comor ecomienda Sai Baba:

Habla poco. Habla dulcemente
Habla sólo cuando haya necesidad de hacerlo, y sólo con quienes debas hacerlo.
No grites ni levantes la voz con ira o excitación.
Este tipo de control mejorará tu salud y tu paz mental.
Generará mejores relaciones públicas y menos contactos y conflictos con los demás.
Tal vez se rían de ti considerándote un aguafiestas, pero tendrás suficientes compensaciones.
Conservarás tu tiempo y tu energía, y podrás darle un mejor uso a tu energía interna".



Lic. Renny Yagosesky
Comunicador Social
Asesor Orientador
Escritor
Conferencista


Todos los Derechos Reservados © Renny Yagosesky (Diciembre 10 2005)