La Comunicación Consciente
---Lic. Renny Yagosesky

Aunque así lo quisiéramos, no todas las personas son una influencia positiva en nuestras vidas. Algunos, aún sin quererlo, afectan nuestro código fe valores y nuestras metas más importantes. Es su deber reconocerlos y frenar sus efectos. Siga leyendo.

La vida social en las grandes ciudades es intensa y compleja. Abundan los estímulos externos, los cambios rápidos e inesperados, las informaciones del más diverso tipo, y relaciones por lo general fugaces.

De esas relaciones, podemos rescatar algunas, especialmente las que se  nos imponen por vecindad o proximidad geográfica o laboral, o las que elegimos por coincidencia de valores,  objetivos similares y estilos afines en los gustos o el comportamiento.

Esas relaciones que nos vienen impuestas en forma de parientes, vecinos o compañeros de trabajo debemos aceptarlas y aprender a manejarlas de forma armónica. Las que elegimos por sintonía, aprecio o porque consideramos favorable para la satisfacción de nuestras necesidades, nos corresponde cultivarlas y darles continuidad.

Dentro de esas relaciones, no todas resultan beneficiosas para nuestra vida, y algunas, incluso, pueden convertirse en influencias negativas que nos afecten en la salud, las relaciones y la productividad.

Una persona de mala influencia, es aquella que interfiere con sus palabras y acciones, con nuestros valores, nuestros objetivos o nuestros hábitos positivos de vida. Debe entenderse que no siempre lo hacen de forma consciente por lo que no habría que verlos como enemigos, sino como lo que son, personas de baja consciencia que obran automáticamente.

Una persona es mala influencia para la salud, si nos invita  a comer y beber en exceso; si  nos incita al uso de drogas, o nos distrae para que dejemos de hacer ejercicio o descansar.

Una persona es mala influencia para las relaciones, cuando nos habla mal de otros amigos o familiares, cuando nos insta a maltratar a la pareja con indiferencia o agresividad, y nos manipula para que rompamos ciertas relaciones que para nosotros resultan valiosas y significativas.

Una persona es mala influencia para nuestra productividad, cuando sus conversaciones y prácticas promueven el ocio, la irresponsabilidad, la flojera o la pérdida del tiempo. Si escucha usted a un “amigo” decirle: “Tranquilo, no es tan importante que llegues temprano”, eso lo pagas después, no le prestes tanta atención a eso”, o “te romas el trabajo muy en serio”, está usted frente a una potencial influencia negativa.

Las personas de mala influencia suelen tener argumentos convincentes para lo que hacen o dicen. Pueden ser personas encantadoras y afectuosas, y así se ganan la complicidad de otros para sus desmanes.  Sin embargo, si mira usted sus logros, notará que sus familias suelen estar desmembradas, duran poco en sus trabajos y son los reyes de las excusas para justificar sus fracasos.

Compartir o mantener cerca de personas que muestran tendencia a expresar conductas de envidia, celos, resentimiento, conflictividad, le va haciendo a usted vulnerable a esas manifestaciones. Aunque tengamos fortaleza y voluntad, el ambiente opera ciertas influencias. Observe que cuando una persona pasa temporadas en otro país, su forma de hablar se modifica. Ese efecto alienante, surge por la adaptabilidad del organismo, el cual se ajusta al entorno, para evitar discordancias y sufrimientos.

Ante la pregunta: ¿Y qué hago? La respuesta es variada:

1-      Acepte que nos todas las relaciones son adecuadas, positivas o convenientes.
2-      Analice fría y desapasionadamente a las personas que frecuenta y revise los resultados que muestran (no las palabras)
3-      Decida qué persona de esas, realmente contribuyen con sus objetivos o alinean con sus más preciados valores.
4-      Elija cuáles de ellos pese a sus particularidades y diferencias no resultan atentatorios en su sistema personal.
5-      Asuma, claramente qué personas resultan influencias negativas para usted, y especifique las razones.
6-      Habiendo elegido y dejando en claro los motivos, puede usted optar por alejarse gradualmente, o conversar con ellos para influirlos con su personalidad y sus argumentos.


La experiencia me ha dicho que conversar con las personas de influencia negativa, pocas veces funciona, pues tienen un sistema mental cerrado que se autojustifica. Sin embargo, si ve como una opción puede intentarlo, hágalo de manera muy respetuosa y asertiva, mostrando lo que a usted le desagrada y lo que le agradaría. Así suena a sugerencia, más que a crítica. Si tiene usted alguna autoridad o si existe una línea de afecto entre usted y la persona de mala influencia, quizás logre un buen resultado.


Alejarse  es la otra opción y a veces la única. Esto no implica un rechazo a la persona, sino a la conducta. Es posible aceptar que un conocido o amigo fume o beba, siempre que no lo haga en nuestra casa o en lugares en los que se ha prohibido; que seduzca a una persona, mientras no se a nuestra pareja o a la pareja de otro. Es legítimo y necesario marcar distancia con lo que consideramos dañino para nuestra vida. Tengo amigos que son maravillosos, hasta el momento en que comienzan a beber. Por mucho que los quiera, prefiero retirarme, pues las consecuencias por repetidas, suelen ya ser predecibles.


Piense, pues, que es necesario e importante tener relaciones, que todas son favorables, que debemos actuar frente a las que nos afectan, y que sólo usted tiene la potestad de dirigir su conducta, como lo decida, en vez de permitir que otros lo conduzcan por caminos turbios, y lo desvíen de lo que puede ser una experiencia gratificante plena de logros y de momentos felices.  Gracias por leerme.

Lic. Renny Yagosesky
Comunicador Social
Asesor Orientador
Escritor
Conferencista

Todos los Derechos Reservados © Renny Yagosesky (25 de Febrero 2008