La Necesidad de Tener Razón
---Lic. Renny Yagosesky

Desde el momento de nuestro nacimiento somos víctimas de un bombardeo de ideas provenientes de la familia y la sociedad, las cuales configuran gradualmente nuestro sistema de creencias acerca de lo que es bueno, malo, justo, injusto, injusto aceptable o inaceptable. Puesto que parte de esa enseñanza tiene su origen en gente que amamos y respetamos, pocas veces cuestionamos su validez, las aceptamos y defendemos a veces a un precio demasiado alto. Nos acostumbramos a vivir con esas "verdades" e intentamos que el mundo encaje en ellas, a como dé lugar.

Un típico problema de esta forma de funcionar, algo limitada y rígida, se presenta cuando nuestro nos enfrentamos a realidades diferentes y cambiantes, ajenas a lo que hemos aprendido a ver como adecuado o normal. Entonces, nuestra reacción, el mecanismo que activamos es ignorar, evadir, negar o atacar lo que nos desafía y pone en duda aquello que entendemos como válido. Es aquí cuando nos empeñamos en tener razón y abrimos la puerta a la inarmonía y el conflicto.

Si, por ejemplo, nos enseñaron que la masturbación era diabólica, que no es posible hacerse millonario con honestidad, o que comer caraotas de noche enferma el estómago, la tendencia más visible y frecuente es defender esos criterios a capa y espada, en vez de buscar la verdad y confrontar con madurez y moderación las ideas en pugna.

Si alguien que no cree en milagros se entera de que una persona se curó "milagrosamente", dirá que es una mentira, que los médicos se equivocaron o que es un truco de alguien para ganar dinero, sin percatarse de que ha desarrollado una visión que intenta sostener a cualquier precio. Tener razón se convierte en el objetivo, y la reflexión, el análisis, la intuición y cualquier método de revisión búsqueda o verificación de la información tiende a ser ignorada, subestimada, descalificada. El ejemplo más patético de esto, lo ofrecen casi a diario los políticos, quienes producen eso que llamamos popularmente "vergüenza ajena".

Pero los riesgos de querer "tener razón" son todavía mucho peores. En virtud de que el ser humano es la única especie de la naturaleza, que atenta contra si misma, cualquier conclusión a la que una persona llegue acerca de sí misma, conformará una autoimagen que afectará positiva o negativamente su manera de ver las cosas, su forma de sentirse en lo emocional, al igual que sus actos y hábitos.

Siendo así, quien se crea atractivo e inteligente, actuará como si lo fuera, es decir, tendrá razón; y quien se perciba a si mismo como alguien rechazado, respaldará esa creencia y tenderá a confirmarla con sus elecciones. Conclusiones como "no sé", "no tengo" , "no puedo" , no debo" se convierten de tal forma en factores limitantes del crecimiento, que si alguien contradice lo que pensamos, nos esforzamos en convencerlo de lo contrario. Todavía recuerdo a una bella muchacha que estudió conmigo en el bachillerato, a quien por más que mis amigos y yo intentábamos hacerle ver cuanto nos gustaba, no logramos que superara su patrón mental de creerse fea, ni su frase: "a mi no me engañan con su echadera de broma".

Caso más grave el de aquellos que concluyen que esta existencia carece de valor y de sentido, y deciden abandonar la vida. No muchos aceptan dejar de tener razón y buscar un nuevo ángulo para mirarse y darse nuevas oportunidades.

Como vemos, "tener razón" puede ser nocivo y autodestructivo o benéfico y positivo, dependiendo del tipo de creencia en la cual nos empeñemos.

Otro ejemplo del apego que le tenemos a eso de "tener razón" en nuestras percepciones, es fácil verlo en el caso de los celos, especialmente cuando éstos surgen sin que existan indicios verificables de engaño. Basta para algunos la creencia o la suposición de estar siendo traicionados, para dar paso a un mar de situaciones depresivas, agresivas y violentas.

Por todo lo señalado, considero que se hace necesario que nos sentemos con lápiz y papel a revisar las creencias que hemos desarrollado acerca de nosotros mismos, de la pareja, el amor, la familia, los hijos y otros tantos tópicos importante de nuestra vida. Seguramente verificaremos que demasiadas veces actuamos movidos por creencias negativas que nos afectan, y que sin saber, nos empeñamos en respaldar "a capa y espada". Cada vez que nos empeñamos en tener razón, ponemos en marcha una profecía autocumplida, es decir, terminamos convirtiendo en realidad aquello que pensábamos o que temíamos.

Vale acotar que quienes se deshacen de esa terrible necesidad, pueden ver nuevos horizontes, aprender más y más fácilmente, y suelen convertirse en personas más armónicas, creativas, flexibles y generalmente mucho más felices. Simplemente, su forma de acercarse al mundo cambia favorablemente ya que no se quedaron atrapadas en la idea de que las cosas deben ser o hacerse de cierta forma, exclusivamente. En realidad hay muchas maneras de decir, hacer y lograr muchas cosas.

Querer tener razón es un camino seguro al conflicto , pues no existen dos personas que vean algo de la misma manera. Aprendamos a dejar que los resultados hablen y, mientras tanto: vivir y dejar vivir. Gracias por leerme.


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