Los Malos Vecinos
---Lic. Renny Yagosesky
Los seres humanos, sin excepción, somos débiles y dependientes desde el momento mismo de nuestro nacimiento. Requerimos apoyo, manutención y entrenamiento para desarrollarnos y encajar en la sociedad. Tal proceso de inserción en la convivencia colectiva, puede hacerse conscientemente, participando de manera responsable, adaptada, sensible, y solidaria, o de forma inconsciente, dejando ver actitudes vinculares irrespetuosas, rapaces, insensibles y desadaptadas.

En muchas la norma la definen la competitividad y el egoísmo, la desintegración familiar, la ineficacia política, los liderazgos pragmáticos, la educación desactualizada, y unos medios masivos trvializantes y deformadores. Todo este panorama sociocultural de baja moral, hace de la gente seres sobrevivientes, incapaces de convivir como humanos verdaderos, por lo general desconocedores de sus derechos y deberes y alejados de la compasión y del respeto a los semejantes. Por esto resulta típico ver tanta gente autodestructiva, jóvenes desorientados a quienes la paz, la concordia y el bienestar común nada importan.

Estos son los "malos vecinos", miembros, casi siempre, de familias rotas, sin valores claros ni normas definidas para guiarse, que suelen invadir el espacio ajeno y burlarse de toda norma social. Son esos los que estacionan sus vehículos donde les parece, juegan, gritan, beben y cantan en áreas comunes que no son de su pertenencia, sin percatarse o ignorando deliberadamente, el malestar que causan. Esos que ante cualquier reclamo, se molestan, retan y atacan. Esos que se creen superiores, aunque son en realidad inseguros y asustadizos, con una autoestima devaluada y una enorme necesidad de ayuda, por supuesto no reconocida.

Otra característica del mal vecino, es que se niega a aceptar acuerdos y si los acepta no los respeta. No asimila la idea de comunidad, pues se centra en su placer exclusivo, en su ego, en su pequeño y confuso mundo. Ha aprendido a responder sólo ante la fuerza, y se le dificulta razonar de manera clara y ser amigable. Comportarse con decencia, fraternidad o cortesía lo hace sentir débil, por lo que asume la careta de la rudeza. Sin embargo, en su interior es también una buena persona, que anhela un abrazo, un halago, un beso, un te quiero y un poco de paz verdadera. Es un ser autoabandonado que se odia, y proyecta su odio hacia los demás. Aunque si lo dispusiera podría cambiar y vivir diferente.

El mal vecino tiende a ser ruidoso. Pone música a un alto volumen, escandaliza y se impone como un niño rebelde. Se aturde y así evita mirarse en el espejo de la soledad y el vacío, que lo carcomen. Con sus largas fiestas, impide que otros duerman, ensucia lo que es ajeno, se atraganta de alcohol y comida, y presiona al cuerpo hasta el límite, pero se disgusta si otro hace lo que él.

A veces actúa como si fuera superior, como compensación de su sentimiento de inferioridad. Se miente y cree que la está pasando bien y gozando la vida, cuando, en realidad, destruye su organismo y se crea enemigos. Su huella es negativa día a día, paso a paso, gota a gota.

El mal vecino, pocas veces colabora. No paga o se atrasa en cancelar el condominio, pone excusas para no participar, critica y desmoraliza a quienes trabajan en beneficio común, y se muestra cínico e irrespetuoso frente al esfuerzo ajeno. Muchas veces agrede e infunde temor, para evitar que se le critique por sus acciones torpes, tozudas e irresponsables.

Los que entran en esta categoría, pueden llegar a ser especialmente irrespetuosos. Buscan a otros parecidos a ellos, para sentirse apoyados y molestar en grupo a quienes ven como muy serios, diferentes o correctos. Meterse con las mujeres, rayarle los autos, pintarle letreros ofensivos y otras estrategias dañinas, son parte del repertorio perturbador de estos personajes que, requieren no rechazo, sino, paradójicamente, comprensión y afecto.

Las formas de manejar a los malos vecinos son variadas: Hablar con ellos para hacerles comprender el efecto nocivo que causan en la comunidad; estimularlos con reconocimientos cada vez que demuestran algún cambio evolutivo; darles cabida e incorporarlos a las actividades de transformación y cambio en las comunidades. Si no funciona esto, organizar grupos de defensa de los derechos de la comunidad, regañarlos, advertirles y finalmente, si ya no queda ninguna otra opción, denunciarlos ante la justicia.

Cuando nos toca vivir en un lugar en el que predominan o se imponen los malos vecinos, las alternativas son pocas:

1- Nos adaptamos y hacemos lo posible por tolerar las situaciones.
2- Tratamos de convencerlos de que desistan de sus actitudes desconsideradas.
3- Nos vamos a un lugar donde se valoren respeto, justicia, paz y solidaridad.

Muchos piensan pero no lo veo como algo cierto, que la gente sea igual en todas partes. No en todos los escenarios vemos la misma obra de teatro. Podemos hacer mucho para mejorar el espacio en el que convivimos, pero no podemos ni debemos detenernos por siempre en un sitio, o negarnos el derecho a vivir mejor, si fuera posible lograrlo.

Cada padre, cada madre, cada maestro, cada jefe, cada líder tiene en sus manos la oportunidad y el deber de enseñar a sus semejantes con el ejemplo y la palabra: a respetar los espacios, a apreciar a los vecinos, a disculparse si se comete un error, a promover la armonía, y así estará colaborando con la creación de una familia mejor, una comunidad mejor, una ciudad mejor, un país mejor, un continente mejor y un mundo mejor. Una buena semilla genera un buen fruto. Gracias por leerme

Lic. Renny Yagosesky
Comunicador Social
Asesor Orientador
Escritor
Conferencista


Todos los Derechos Reservados © Renny Yagosesky (Enero 16 2006)