El Virus de La Envidia
---Lic. Renny Yagosesky

Uno de los comportamientos considerados más nocivos en las relaciones personales, es sin duda alguna, la envidia, pues nada grato es pensar que alguien experimente malestar por el hecho de que logremos tener salud, dinero o amor.

Comencemos por decir que la envidia es un estado interno limitador, generador de frustración y sufrimiento, que experimentan algunas personas ante éxito o el bienestar de otros.
La base de la envidia, de acuerdo con Francesco Alberoni, estudioso del tema, se basa en la existencia de dos variables, el deseo y la comparación. Si deseo algo que no poseo y me comparo con otro que sí lo posee, el resultado es un proceso de incomodad que puede llegar a ser insoportable para quien la padece.

El alcance de la envidia es infinita, pues todo puede ser envidiado. De otros, podemos desear su belleza, su salud, su pareja, su nivel económico, su prestigio social, sus posesiones materiales o incluso su grado de felicidad.

La causa de la envidia reside en la baja autoestima. En un escaso amor propio; en una falta de valoración y aprecio de las maravilla que somos en potencia, los seres humanos. El envidioso revela un franco desconocimiento de sus recursos; de sus dones, habilidades y talentos.

Puede decirse que es más sana la envidia infantil, pues los niños carecen de los recursos para obtener lo que desean y dependen de sus padre o representantes. Los adultos, en cambio, como seres dotados de incontables posibilidades para satisfacer sus expectativas, no pueden justificar el estancamiento emocional de la envidia, el cual es, por cierto, repudiado socialmente, pues la sociedad tiende a valorar a sus héroes y líderes, a aquellos que se han esforzado para sobresalir, ganar, triunfar.
La envidia puede traer consigo efectos devastadores: Nos produce sufrimiento, y en muchos casos nos lleva a actuar de manera hipócrita, desleal y destructiva. Quien ha sido contaminado por el virus de la envidia, sólo ve defectos en el otro, se torna hipercrítico o actúa de manera indiferente con quienes son objeto de su inaceptación.
Existen algunos indicadores que nos permiten reconocer la llegada de la envidia, cuando proviene de otros hacia nosotros:
- Cambios en su forma de tratarnos en la medida en que nuestro éxito es mayor.
- Intentos solapados o evidentes de destruir nuestra reputación.
- Aumento de la tendencia a criticarnos y buscarnos defectos.
- Aumento en formas de comunicación viciadas como la ironía o el sarcasmo.
- Intentos de bloquear nuestros logros.
- Coalición o unión con otros envidiosos.
- Evidencias de malestar ante nuestros éxitos.
- Ocasionales muestras de indiferencia y negación a celebrar nuestros logros.

Aunque no lo parezca la envidia tiene un lado positivo. Convertida en admiración por el otro, o por natural competitividad humana, puede estimularnos a imitar aquello que anhelamos y que destaca en aquellos a quienes envidiamos. Experimentada así, puede llegar a ser un positivo detonante de logros y agente causal de superación. Sin embargo, fuera de esa excepción, representa una negación de la empatía y sus consecuencias son invariablemente dañinas. No por nada ha sido catalogada como uno de los "pecados capitales".

¿Qué puedo hacer ante los que me envidian?

- Sepa que la envidia nace del miedo y que es un sentimiento frecuente y natural.
- Evite contar sus planes para evitar los sabotajes externos.
- No grite a otros sus logros y si lo hace evite actuar con arrogancia.
- Halague lo positivo que vea en los envidiosos para que reconozcan su propio poder.

¿Qué hacer cuando el envidioso soy yo?

- Céntrese en su propia vida, acepte y agradezca lo que es y lo que tiene.
- Evite compararse con los demás.
- Haga planes de largo plazo, organícese a su tiempo cosechará lo sembrado.
- Acepte que no todos tenemos el mismo talento ni el mismo destino.

En conclusión, la envidia es un estado limitador surgido de la baja autoestima, que se basa en una comparación negativa con otros cuyos logros consideramos injustos y amenazantes para nosotros. Superarla implica desarrollar autoconfianza, centrarnos en nuestra vida más que en la de otros, compararse con uno mismo y no con los demás, aprender a controlar la reactividad destructiva, ponernos en el lugar de la persona envidiada y priorizar ante todo el valor de las buenas relaciones.

Si desea usted vivir una vida alegre, armónica y productiva, es necesario que se vacune contra el virus de la envidia.
Gracias por leerme.

Lic. Renny Yagosesky
Comunicador Social
Asesor Orientador
Escritor
Conferencista


Este artículo es propiedad intelectual de Renny Yagosesky. Si va a ser reproducido total o parcialmemente agradecemos respetar el Derecho de Autor.