El Camino Espiritual
---Lic. Renny Yagosesky

El ser humano vive un momento especial, de redefiniciones de sus valores y paradigmas fundamentales. En la búsqueda de una verdad profunda ha tenido y tiene frente a sí dos tendencias de difícil reconciliación: una que lo estimula a buscar lujo, comodidad, placer, poder y prestigio, y otra que le vende la idea de la paz, el desapego y el encuentro con lo que algunos estiman su verdadera esencia: el alma, el Yo Superior.

Para nadie es un secreto que vivimos en un mundo plagado de guerras, enfermedades, pobreza y violencia, dentro y fuera de la familia. Asistimos a una forma de vivir que destaca el egoísmo y que no nos alerta claramente sobre sus consecuencias. Por esa senda, pareciera que rodamos por un despeñadero que nos conduce hacia la destrucción propia y de quienes nos rodean. Desde esta perspectiva, basada en hecho verificables, no parecemos, ser, después de todo, una especie demasiado inteligente.

Del otro lado de la acera, si escuchamos a ciertos voceros, parece existir otro camino, el "espiritual", que promete una oportunidad de reducir el sufrimiento y vivir una vida más plena y satisfactoria, con menos prisa, menos competitividad y mayor autorrealización.

No falta quienes ven esta prédica como irreal y fantasiosa, además de poco aplicable a los retos y exigencias de la cotidianidad. Sin embargo, en palabras de Gill Edwards, tomar el camino espiritual no consiste en meditar ocho horas al día, comer arroz integral o hacer votos de abstinencia. Para esta escritora e investigadora de la autosuperación, significa llegar a ser una persona armónica, afable y cálida; comprenderse a sí mismo, ser responsable y esforzarse por convertirse en todo aquello que uno, potencialmente puede llegar a ser".

Por mi parte, entiendo el camino espiritual, como aquél que nos enseña a aceptar que provenimos de una fuente común, que algunos llaman Dios; que todos estamos relacionados y que nos afectamos mutuamente con cada pensamiento, palabra o acto; que nacer y vivir tienen un sentido mayor que seguir rutinas; que tenemos un deber que cumplir en esta vida, y que existe un plan inteligente que nuestra lógica estrecha tiene dificultad para captar y comprender.

Ser espiritual es agradecer todo lo que se experimenta, se hace o se tiene; significa estar conscientes de que poseemos capacidades especiales para elegir y crear, en buena medida, la realidad que deseamos. Espiritualidad es comprender, tolerar, amar, dar y perdonar.

La práctica de la espiritualidad no es algo exclusivo de una Iglesia o una Religión. Es una forma de ir por los días, con la mente y el corazón lleno de alegría. Ha dicho Sai Baba, conocido personaje de la India a quien se atribuyen poderes especiales, que la persona que ha logrado llegar a ser espiritual, es aquélla que domina "las seis pasiones": la lascivia, la cólera, la codicia, el deseo, el orgullo y el odio. Es ése que no se considera dueño de las cosas que toca; esé que sabe vivir con fe.

Deepak Chopra, indio también, médico y escritor, piensa que la espiritualidad es la combinación de la búsqueda de la verdad, la reverencia a Dios y el servicio al prójimo. La búsqueda de la verdad, se refiere a dedicar la vida a descubrir nuestro propósito: qué somos, a dónde vamos, para qué venimos, cuánto tiempo estaré aquí.

La reverencia a Dios, implica aceptar que existe un Inteligencia Superior, una Consciencia rectora de nuestros destinos, que podemos contactar a través del silencio, la meditación y la oración. También se vincula con aceptar que no somos el centro de todo, sino parte del todo, por lo que no cabría aquí más que humildad, por sabernos seres privilegiados y no pequeños humanos abandonados a su suerte.

El servicio, como parte esencial de la actitud espiritual, implica ayudar a los que tienen menos; vivir desde la caridad y la compasión por los débiles e ignorantes. Ya que todo proviene de la naturaleza, ya que nada es verdaderamente nuestro: ¿Qué tiene de malo compartir un poco?

Existen muchos seres pseudoespirituales que van a templos e iglesias, que cantan, rezan y leen libros sagrados, pero que no desean o no logran llenar su vida con el mensaje que predican. Hablan de amor pero no respetan a sus semejantes. La verdad, parece ser que usan la espiritualidad como máscara para ocultar su vanidad. No son más que lengua y ego.

Vale aclarar que seguir el camino espiritual, en nada impide divertirse, bailar o experimentar el cuerpo. Sentir es algo legítimo, siempre que nos cuidemos de los excesos, de lo automático y de lo obsesivo. Siempre que no usemos la diversión como escape para huir de nosotros mismos y de nuestros deberes personales, familiares y sociales.

La espiritualidad no está reñida con el mundo, aunque un ser espiritual impide que el mundo lo controle. Es evidente que, pese a sus grandes promesas y recompensas, pocas veces encontraremos una senda tan difícil de transitar. ¿Es usted espiritual? Gracias por leerme.


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