La Búsqueda de La Felicidad
---Lic. Renny Yagosesky

Es obvio que un tema tan complejo como el de la felicidad, no puede sino ser tratado superficialmente en un artículo de tan reducida extensión. Aún así, pretendo asomarme a él, ofreciendo una visión sencilla, y útil, a ustedes mis queridos lectores.

En un sentido básico, puede decirse que la felicidad es un estado de satisfacción, plenitud o regocijo íntimo y personal, que se caracteriza por sus efectos benignos en todos los órdenes de nuestra vida. Por el contrario, la infelicidad sería concebible como un estado interno limitador, que se manifiesta en lo que pensamos y hacemos. Generalmente, la infelicidad se asocia a la frustración que se experimenta por la ausencia de amor, o de reconocimientos y logros.

Como lo entiendo, y aceptando que existen mil maneras de ver cada asunto, la felicidad tiene varios niveles o eslabones. Creo que hay al menos cinco niveles reconocibles de felicidad, alcanzables por ciertos mecanismos de acceso. Estos son: felicidad sensorial, felicidad emocional, felicidad material, felicidad mental y felicidad espiritual. Me explico:

De acuerdo con este modelo que propongo, el primer nivel de felicidad, es básico y se relaciona con el comportamiento infantil, y puede obtenerse en forma de placer a través de los cinco sentidos que típicamente conocemos. Aquí, nos referimos a la gratificación que se deriva de complacer, instintos, necesidades primarias y deseos puramente sensoriales. Ejemplos de este tipo de felicidad son: el placer obtenido al comer. Es un nivel primario de felicidad que cambia con las circunstancias. Es casi siempre fugaz.

Después de este primer tipo, se ubica la felicidad emocional relacionada con los afectos y las relaciones interpersonales que compartimos. Esos momentos en los que recibimos atención y amor son para nosotros momentos felices, aunque no son eternos y por ende se van con facilidad. Además, depende de lo que otros nos dan.

El tercer nivel, que he llamado de "felicidad material", se basa en los logros y en el significado que por convenio social adjudicamos a estos. Graduarse en el liceo o en la universidad, obtener un trabajo o un ascenso, entrarían en este nivel, tener una pareja "bella" al igual que cualquier logro que percibamos como favorable a nuestros valores, criterio o creencias. Puesto que es factible que lo que hoy sea importante para nosotros, mañana pueda no serlo, también estamos frente a un nivel pasajero de felicidad.

Otro nivel es el que denomino de "felicidad mental" que es aquel que se alcanza cuando la persona considera que su vida ha sido útil, que tiene algún sentido valiosos. Aquí lo importante no son los logros sino los significados que se les atribuyen. Estudiar, casarse o tener bienes puede no ser relevante si se considera que lo vivido no ha sido internamente satisfactorio. Si no hay sentido de realización, no se ha alcanzado este estadio de felicidad. Aquí no priva lo externo sino lo interno.

El más significativo nivelo de felicidad, es el que denomino felicidad espiritual, que es el tipo de felicidad que alcanza quien ha logrado trascender los parámetros de las sociedad y ya no ve la vida en bueno o malo, amigos o enemigos, sino que ha alcanzado la capacidad de ver la integración que existe en todo cuanto le rodea. Aquí encontramos los que van tras el silencio y la paz interior, huyen de los estereotipos, se respetan y han alcanzado un alto grado de consciencia, y dominio de sus automatismos primarios o animales. Son especialmente comprensivos, y ven la naturaleza humana como algo valioso que debe dignificarse.

Se les reconoce por su comunicación clara y asertiva, por su autenticidad, sentido de responsabilidad y especial capacidad para dar lo mejor de sí mismos. Poseen una alta autoestima, han ganado batallas a la monotonía, la confusión y el aburrimiento, hasta elevarse con base en el uso pleno de sus potencialidades. Su presencia pesa aunque no intentan imponerse. Su palabra es sabia aunque no la ostentan. Poseen humildad y fuerza a la vez. Al verlos, sabemos que están vivos y frente a ellos nos sentimos atraídos aunque generalmente confrontados. Es tan fácil amarlos como odiarlos porque son un espejo de nuestro potencial y nos hacen ver a leguas nuestras miserias.

Es fácil reconocerlos como maestros o gurúes. Su perspectiva de la vida es netamente espiritual, creen que todo y todos estamos relacionados y cada uno de sus actos posee intenciones benéficas y grupalistas, ya que han rebasado en buen la dictadura del ego.

Valoran y siguen su intuición, pues saben que hay algo más allá de lo que captan los sentidos, por lo que se empeñan en conectarse con lo más profundo de sus naturalezas. Para ellos, la felicidad sólo es posible en el servicio, en la compasión y en el deseo de mejorar la vida de todos. No creen en la muerte y su contacto con la naturaleza tiene sentido reverencial. Desde su código de funcionamiento todos somos "hijos de Dios" e igualmente importantes. Su sola presencia es inspiradora y curativa. Algunos de ellos: Osho, Jesús, Buda, Lao Tsé, Yogananda, Babaji. hombres y mujeres que reflejan bondad y nos conducen hacia el amor total. Ellos han experimentado un lado de la felicidad que a nosotros, ojalá y no por mucho tiempo, nos está vedado. Gracias por leerme.


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