Rescatemos Nuestro Castellano
--Lic. Rayza González

Una de las necesidades más importantes para el hombre ha sido la de entenderse y comunicarse bien con los demás, y una de las herramientas principal e importante ha sido y será, por siempre, la palabra oral o escrita.

Haciendo un poquito de historia, remontémonos a la época del rey Alfonso X El sabio, quien oficializó en Castilla en el siglo XIII el castellano, prevaleciendo como lengua en España desde aquellos tiempos, siendo ratificado posteriormente por los Reyes Católicos a finales del siglo XV, tanto en ese país como en el resto de sus colonias.

El idioma español tiene su origen en el latín vulgar que hablaban los romanos, el cual también dio origen a otros como el francés, el italiano, el rumano, el portugués, el catalán y el provenzal, de allí la familiaridad que observamos con estas lenguas, sin descartar la colaboración de los árabes, visigodos y judíos con su enriquecimiento.

Desde esos tiempos, el castellano ha sufrido una serie de transformaciones importantes, cuyo récord es llevado paciente y diligentemente por la Real Academia Española, institución que se dedica a la evaluación y aprobación de nuevos vocablos, ya sean extranjeros o de otra índole, para ser insertados en el diccionario (DRAE) y a la eliminación de otros ya en desuso.

Ahora bien, es aceptable desde todo punto de vista que se incorporen palabras, modismos, extranjerismos nuevos, etc., a nuestro idioma y que éstos sean utilizados en el contexto real y perfecto, bien sea oral o escrito, pero de lo que no debemos olvidarnos es de una parte importantísima de la gramática, entre otras: la sintaxis, que no es otra cosa que la perfecta coordinación y construcción de oraciones dándoles un enlace sencillo y lógico.

Imagínense, una vez, parada en una esquina de una avenida del centro caraqueño, mientras esperaba mi transporte, observé un aviso en la puerta de una tienda que decía lo siguiente: "se fabrican zapatos para caballeros de cuero", como era muy joven e ingenua, me quedé pensando cómo sería un caballero de cuero, ya que no podía entender exactamente lo que quería decir dicho aviso. En otra oportunidad, leí un aviso en la prensa: "se venden camas para niños de hierro". Ya obviamente más adulta y con mayor conocimiento académico, quedé muy pensativa y preocupada por el deterioro de nuestra gramática y las consecuencias hilarantes que podría causar un anuncio redactado de esta manera; se me ocurre que hasta perdería cierta credibilidad. Y así, sucesivamente, nos topamos, me atrevería a decir que diariamente, con frases de esta clase, tanto en la prensa escrita como en lenguaje hablado en los medios audiovisuales.

Ahora bien, con la llegada de la tecnología y los mensajes de texto en teléfonos celulares, básicamente, el asunto ya está llegando a asustarme un poco, porque por aquello del límite en los caracteres para completar un mensaje, ya sea por ahorrar dinero, por prisa, o simplemente por desánimo, los usuarios, principalmente jóvenes estudiantes de primaria y secundaria, se han dado a la tarea de "abreviar" las palabras, pero de una manera tan feroz que ya vemos el desuso de vocales en preposiciones, como por ejemplo: "de", se está colocando la letra "d". Y no hablemos de la correcta acentuación ortográfica de palabras que deben ser identificadas con esa humilde barrita: cuán olvidada se encuentra en la actualidad.

Sin embargo, afirma Humberto López Morales, catedrático de lingüística de la Universidad de Puerto Rico que, en términos generales, Latinoamérica tiene un interés constante, por parte de mucha gente, de utilizar la lengua lo mejor posible, ya que se trata de hablar o escribir con corrección y de no utilizar palabras malsonantes o que no signifiquen exactamente lo que se desea decir. Unámonos y rescatemos nuestro bello idioma; tengámoslo como una constante. Bien dijo Tulio Febres Cordero, escritor e historiador, lo siguiente: "El lenguaje es una herramienta sagrada, uno de los distintivos principales de cada agrupación étnica. Trocar a humo de pajas los vocablos y modismos propios de nuestra lengua, por vocablos y modismos de lenguas extranjeras, es tanto como cambiar tristemente nuestro traje de señores por una librea de lacayos".

Lic. Rayza E. González R.
Especialista en Corrección de Textos
Email: regonzalezr@cantv.net