Hay Humores que matan
--


Cuando Renny Yagosesky supo que yo trabajaba con la temática del humor, me pidió que escribiera un artículo humorístico para su página www.laexcelencia.com Esto me pareció muy extraño y sospechoso a la vez, pues la excelencia es todo lo opuesto a lo que es realmente un humorista.

Tal vez Renny no sabe que los humoristas somos unos grandes mediocres. Somos tildados de inteligentes, pero lo que hacemos, realmente, es ocultar nuestras incapacidades tratando de hacer reír a la gente.

Ser humorista tiene ventajas, pues el humorista suele tomarse licencias que no le son permitidas al común de las personas, y practicar el humor nos hace inmunes a ciertos sucesos que nos acontecen.

En lo personal, el humor me ha salvado de muchas situaciones embarazosas desde mis tiempos de niño, y me ha permitido seguir adelante con mis metas. Un caso que no he olvidado, sucedio como sigue:

De manera rutinaria, al levantarme, suelo estirarme exageradamente; al hacerlo llevo mis brazos hacia delante lo más que puedo con cara de angustia y los ojos cerrados, mientras realizo una rara tensión de esas extremidades. Esta costumbre la tengo desde niño, y a veces sin quererlo, me traciona. Por ejemplo, recuerdo una vez en la secundaria, acabábamos de terminar una clase de Geografía (que era bastante aburrida) por lo que me invadió un estado alarmante de modorra. Todo el mundo abandonó el salón, incluyendo el profesor, quien tenía fama de haberse reído por última vez, más o menos en la era del hombre de Neandertal.

Aprovechando la soledad, hice mi ritual de estiramiento exagerado con los brazos hacia delante. No sé cuánto tiempo permanecí así, pro lo cierto es que cuando abrí los ojos, estaba frente a mí nada menos que el mencionado profesor amargado, quien me miraba fijamente, con una mezcla de asombro e irritación. En ese momento, entre sorprendido y auturdido, lo único que se me ocurrió decirle, sin dejar de verlo a los ojos fue:

- Profe, por más que intento, nunca puedo agarrar esa cosa invisible -como justificando mi estiradera, mi empeño en extender los brazos hacia adelante.

En seguida el profesor se despabiló, pronunció un extraño sonido gutural, que todavía hoy supongo que fue una sonrisa, me dio la espalda sin decir ni pio se retiró del aula.

En ese preciso momento descubrí algo de manera repentina: un arma llamada humor. Desde ese preciso instante comencé a ser un obsesivo estudioso y practicante del humor. Y es justa esa el arma que con la cual les invito, a través de este escrito, a que descubran en sus almas que el humor es la única arma que mata ... pero de la risa.

Les quiero dar algunos consejos sobre el humor, precisamente porque no me los han pedido. Un primer consejo es que se suiciden de humor, es decir, que usen esa arma contra ustedes mismos, pues para aprender a reírnos de los demás, primero debemos aprender a reírnos de nosotros mismos.

Atrévanse a seguir esta rutina: Al comienzo del día, cuando estén recién levantados, justo cuando se miren en el espejo, hagan morisquetas con la cara, péinense de manera graciosa, ríanse de ustedes mismos, y después, si quieren, vuelvan a asumir sus poses serias cotidianas. Pero les aseguro que esas sonrisas clandestinas y matutinas son mejores que todas las vitaminas o medicinas que ingerirán en el resto del día. Recuerden lo que decía Chaplin: "Un día sin sonreír es un día desperdiciado en la vida".

Yo acostumbro decir: "La sonrisa es una curva que lo endereza todo". A lo mejor si el jorobado Cuasimodo hubiera reído más, hubiera perdido su joroba.

Hay varias técnicas para aprender a reír. Pero eso se los dejo para un próximo artículo. Renny acostumbra despedir sus artículos con las palabras: "gracias por leerme"; yo les digo más bien, "ojala que por leerme, haya … gracias.

sinverguenzaurius@yahoo.es
Carlos José León
Humorista