El Poder del Deseo
---Lic. Renny Yagosesky

Todo aquello que se logra es producto de una acción, y cada acción es motivada por un deseo que busca materializarse. Querer algo es el primer requisito para poder lograrlo. Si no estás como deseas estar puede ser que debes revisar la intensidad de tus más preciados deseos. Siga leyendo.

No existe meta alguna lograda por un ser humano, que no haya sido precedida y activada por un deseo claro y ferviente, por una intención firme que impulse ciertas acciones y convierta los sueños en realidad. Tampoco hay criatura en el mundo que no experimente el deseo, sea que lo llame motivo, impulso, intención, necesidad o anhelo, existe una fuerza interna que nos encamina hacia ciertos destinos, planeados o no, favorables o desfavorables.

El deseo es una expresión natural de las necesidades físicas, materiales, emocionales y espirituales de cada ser. En palabras de Gerald W. Loe, el deseo suministra una cuota de energía creativa que hace que nuestra mente se ponga a trabajar y opere como motor generador de logros y resultados.

Nuestros deseos no siempre son conscientes. Nuestra atención puede desplazarse hacia ciertos puntos, aspectos, factores o situaciones, sin que nos percatemos de ello. Deseamos algo, activamos el poder de nuestra mente y de pronto lo olvidamos, pero la máquina mental sigue trabajando y suele producir a su tiempo buena parte de lo que habíamos anhelado, especialmente aquello para lo que estamos preparados.

Ha escrito Walter Germain en su libro sobre la Supraconsciencia, que el momento en el cual debemos tener mayor cuidado, es cuando deseamos algo y le imprimimos gran emoción, pues este “pensamiento emocional”, esta intención impregnada de miedo, tristeza, rabia, alegría u otro estado interior, activa mecanismos de atracción y realización que tienden a materializar de maneras claras o extrañas muchos de esos requerimientos.

El poder del deseo tiene dos lados: uno negativo y uno positivo. El negativo es el que lo vincula con la envidia, la codicia y la avaricia. Desde el deseo frustrado podemos envidiar a quien posee algo que consideramos que nos correspondería tener. Y desde el dolor de la envidia, es mucho el daño que se ha hecho e incluso justificado. Asimismo, la ambición desmedida, la codicia, puede llevarnos a ignorar y torcer nuestros valores, y a protagonizar acciones bajas y destructivas que afectan a otros y a nosotros mismos.

El lado positivo del deseo es que nos impulsa a estudiar a organizarnos, a trabajar, a emular a los que han progresado, a elevarnos sobre la mediocridad, la flojera, las excusas, la ignorancia y la resignación. El deseo es una forma de motivación que suele contener un poco de entusiasmo y un poco de ansiedad, es una fuerza tensionante que nos impone actuar y nos lleva a lograr.

Los deseos pueden ser a veces contradictorios. Muchas veces queremos una cosa y otra que no siempre es compatible, como el matrimonio y la libertad total. Cuando esto ocurre, la idea que tenga mayor peso, significación, valencia o carga emotiva, se impondrá finalmente sobre la otra. Veamos este ejemplo real: Una mujer quería bajar de peso, pero su esposo sentía celos cuando la veía embellecer. Ella, a fin de evitar los conflictos derivados de nueva imagen, eligió engordar de nuevo. La razón por la que en tantas ocasiones fracasamos en nuestros intentos de éxito, sabiendo que disponemos del potencial para ello, es debido a esta lucha interna que actúa como una estrategia silenciosa y subrepticia de autosabotaje, pues cuando el deseo está dividido, podemos confundirnos, frustrarnos , desanimarnos y abandonar la marcha.

Por eso, si usted desea logra algo, necesita que su intención consciente y su intención  subconsciente sean iguales. Debe existir alineación en su interior para evitar forcejeos y contradicciones. Si usted dice que desea ganar mucho dinero, pero piensa a diario que “el dinero es malo”, "la vida es muy dura”, "en este país ya no se puede", y si además se rodea de gente pesimista, sus posibilidades de logro son francamente bajas. Funcionar con ese doble discurso  mental, equivale a ir en un automóvil  en el cual se acelera y se frena simultáneamente.

Cuando el deseo es fuerte puede llegar a esclavizarnos, podemos obsesionarnos, apegarnos a una idea en forma tal que podemos actuar de manera disfuncional dejando de lado otros aspectos y área de nuestra vida cotidiana.

El budismo coloca al apego como gran causal del sufrimiento humano. En algunas culturas se considera virtuosa a la persona desapegada de lo material. Sin embargo, podemos aprender a activar y desactivar nuestro deseo, prestando atención sólo a lo que sea verdaderamente significativo y necesario, y practicando eventualmente el desapego, la autorregulación y la generosidad. Esto nos ayuda a crear y conservar el equilibrio sin perder la ambición ni anular el poder del deseo.

Para descubrir lo que han sido nuestras verdaderas intenciones, bastará con ver lo que hemos hecho con nuestra vida y lo que hasta ahora hemos buscado, obtenido y logrado. Para progresar, cambiar y tener la vida que queremos, confirmemos nuestros deseos en cuanto a la salud, el trabajo, el dinero, las relaciones, la preparación intelectual, la espiritualidad, etc. Y así no perder tiempo ni energía.

Sincérese, defina, vaya tras sus sueños, y no olvide que todo es pasajero e impermanente y que aferrarse a algo o a alguien, no podrá nunca impedir el adiós que damos a todas las cosas y personas, pues en el mundo material, todo cambia, muere y desaparece. Recuerdo una frase de  Sai Baba sobre lo importante:”Yo vengo a darte lo que tu me pidas, hasta que tu me pidas lo que yo vine a darte. Gracias por leerme. www.laexcelencia.com


Msc. Renny Yagosesky
Comunicador Social
Asesor Orientador
Escritor
Conferencista

Todos los Derechos Reservados © Renny Yagosesky (Abril 07 2007)