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No existe meta
alguna lograda por un ser humano, que no haya sido precedida y activada
por un deseo claro y ferviente, por una intención firme que
impulse sus acciones y convierta sus sueños en realidad.
Tampoco hay criatura sobre este mundo que no experimente el deseo.
Ya sea que lo llamemos instinto, impulso, necesidad o anhelo, todos
en alguna forma hemos sentido y sentimos quizás con demasiada
frecuencia una fuerza interna que nos encamina hacia ciertos destinos
algunos planificados y otros sorpresivos, algunos favorables y otros
seriamente accidentados.
Podemos decir que el deseo es una expresión natural de las
necesidades físicas, materiales, emocionales y espirituales
de cada ser. En palabras de Gerald W. Loe, el deseo o la intención,
suministra una cuota de energía creativa que hace que nuestra
mente se ponga a trabajar y opere como motor de logros y resultados.
Nuestros deseos no siempre son conscientes. Nuestra atención
puede desplazarse hacia ciertos puntos, aspectos, factores o situaciones,
sin que nos percatemos de ello. Deseamos algo, activamos el poder
de nuestra mente y de pronto lo olvidamos, pero la máquina
mental sigue trabajando y suele producir a su tiempo buena parte
de lo que habíamos anhelado, especialmente aquello para lo
que estamos preparados.
Ha escrito Walter Germain en su libro sobre la Supraconsciencia,
que el momento en el cual debemos tener mayor cuidado, es cuando
deseamos algo y le imprimimos gran emoción, pues este "pensamiento
emocional", este deseo impregnado de miedo, tristeza, rabia,
alegría u otra emoción, activa mecanismos de atracción
que tienden a materializar de maneras extrañas muchos de
esos requerimientos.
El poder del deseo tiene dos lados: uno negativo y uno positivo.
El negativo es el que se vincula con la envidia, la codicia y la
avaricia. Desde el deseo frustrado podemos envidiar a quien posee
algo que consideramos que nos corresponde tener. Y con la envidia
es mucho el mal que se ha desplegado. Asimismo, la ambición
desmedida, la codicia, es una mezcla de egoísmo y avaricia
que puede llevarnos a ignorar y torcer nuestros valores y protagonizar
acciones bajas y destructivas que afectan a otros y a nosotros mismos.
El lado positivo es que nos impulsa a estudiar a trabajar a emular
a los que han progresado, y hoy son personas exitosas y felices.
A veces tenemos deseos contradictorios que chocan entre sí;
cuando esto pasa, la idea que tenga mayor peso, significación
o carga emotiva, se impondrá sobre la otra. Una mujer quería
bajar de peso, pero su esposo sentía celos cuando la veía
embellecer. Ella, a fin de evitar los conflictos derivados de nueva
imagen, eligió engordar de nuevo. La razón por la
que en tantas ocasiones fracasamos en nuestros intentos de éxito,
sabiendo que disponemos del potencial para ello, es debido a esta
lucha interna que actúa como una estrategia silenciosa y
subrepticia de autosabotaje.
De manera que si usted desea logra algo, necesita que su intención
consciente y su intención subconsciente sean iguales. Que
exista una total alineación en su interior para evitar forcejeos
y contradicciones. Si usted dice que desea ganar mucho dinero, pero
piensa a diario que "la cosa está difícil"
, que "este país se lo llevó quien lo trajo",
y se rodea, además de gente pesimista y problematizada, puede
que más que dinero quiera realmente quejarse y quedarse allí
donde está ahora mismo, que es donde conoce las reglas y
todo es más o menos familiar y por ende algo fácil.
Funcionar con ese doble discurso interno, equivale a montarse en
un carro y acelerar y frenar al mismo tiempo.
Cuando el deseo es fuerte puede llegar a esclavizarnos. El budismo
coloca al apego como el gran causal del sufrimiento humano. En algunas
culturas se considera virtuosa a la persona desapegada de lo material.
Sin embargo, podemos aprender a activar y desactivar nuestro deseo,
prestando atención sólo a lo que sea verdaderamente
significativo, y practicando eventualmente el desapego, el desinterés
por muchos objetos y la generosidad del dar. Esto nos ayuda a crear
y conservar el equilibrio sin perder la cuota de ambición
requerida para mantenerse motivado y lograr objetivos.
Para progresar, cambiar y tener la vida que queremos, debemos revisar
qué cosas deseamos y verificar si se trata de algo ciertamente
importante. Saber sin asomo de dudas lo que queremos en cuanto al
dinero, las relaciones, el trabajo, etc., para no perder tiempo
y energía "perdidos ene l camino" o "arando
en el mar". Para descubrir lo que han sido nuestras verdaderas
intenciones, basta con ver lo que hemos hecho con nuestra vida y
lo que hasta ahora hemos buscado, obtenido y logrado.
Sincérese, defina, vaya tras su sueños, pero no olvide
que todo es pasajero e impermanente y que aferrarse a algo o a alguien,
no podrá nunca impedir el adiós que damos a todas
las cosas y personas, pues en tanto elemento material, todo cambia,
muere y desaparece. Gracias por leerme.
Lic. Renny Yagosesky
Comunicador Social
Asesor Orientador
Escritor
Conferencista
Todos
los Derechos Reservados © Renny Yagosesky (Octubre 04 2005)
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