La Toma de Las Decisiones
---Lic. Renny Yagosesky
Desde el momento de nuestra concepción cuando apenas somos una célula, algo innato, inteligente dentro de nosotros comienza a tomar decisiones. Esa célula se multiplica y tiempo después nace un niño que aún sin la capacidad de hablar, ha tomado ya, de manera intuitiva y emocional, muchas decisiones.

Si somos o no hijos deseados, si el sexo que traemos satisface a nuestros padres, si el ambiente en la casa en la que viviremos es tenso o armónico, éstos y otros factores, nos llevan a percibir si se nos ama, valora y considera, o si se nos ignora, subestima o rechaza. Se trata de una comprensión intuitiva
y de decisiones preverbales(cuando todavía no tenemos lenguaje) que tomamos gracias a lo que percibimos mientras estamos o cuando recién salimos del vientre materno.

Al estar en el mundo, de acuerdo a como somos tratados por quienes nos rodean, nuestra autoestima será positiva y se desarrollará, o creceremos como seres desvalorizados, tristes, atemorizados y resentidos. En ese contexto, nuestras decisiones estarán condicionadas por lo aprendido en los primeros años de acuerdo con la programación mental que hemos recibido de padres, relacionados y seres queridos.

Es por eso que si queremos apuntar hacia un nivel de logros diferentes, mejores y trascendentes; si deseamos rebasar nuestros límites actuales, se hace necesario revisar las decisiones que hemos tomado
y que tomamos en el presente.

Las grandes decisiones como con quién casarme o dónde vivir y las pequeñas y frecuentes decisiones como: qué responder a ciertas preguntas, con quién almorzar o qué ropa vestir, ya que son esas aparentemente inofensivas decisiones diarias las que nos colocan en posición de avanzar, mantenernos como estamos o retroceder.

Decidir es escoger entre las opciones que tenemos a mano. Siempre somos nosotros quienes decidimos, y el no aceptarlo así significa que estamos aceptando que no tenemos control alguno sobre nuestras vidas. Y es bueno recordar que nadie puede cambiar aquello que no controla.

En realidad, pese a que podríamos estar predestinados kármicamente, que tenemos una herencia genética y que somos condicionados en mucho por la cultura y el ambiente, disponemos de recursos poderosísimos como la capacidad de observarnos, de darnos cuenta, de aprender, de elegir y de cambiar. Hay una cuota de libre albedrío que nos permite decirle ¡sí! o ¡no! " a cualquier oferta o posibilidad.

En realidad somos seres programados desde la infancia y obedecemos a esa programación. Nos dicen qué ver, qué oír, qué hacer, con quiénes y cómo hacerlo. Por eso, para crear una nueva realidad debemos aprender a revisar y cuestionar nuestras creencias para poder tomar nuevas decisiones que determinen nuevos hábitos y nuevos resultados. Estas decisiones, sin embargo, deben tomarse de la manera más consciente posible.

Si usted sabe lo que quiere lograr, puede entonces pensar en las decisiones que le llevarán hasta allá. Pero como seguramente se encontrará con resistencias internas, gracias a los hábitos adquiridos durante años, será necesario trabajar en una nueva programación mental. Esto se logra hablándole a la mente con palabras, imágenes y emociones.

Si usted se visualiza, es decir, si se imagina durante suficiente tiempo como alguien valiente y confiado, su cerebro comenzará a producir una serie de sustancias químicas que lo harán sentirse de esa forma. Igualmente, si usted escribe cincuenta veces al día que disfruta hablando con los demás (aunque realmente se sienta tímido cuando habla con otros) el efecto de la repetición, permitirá que usted comience a creerlo, pues para su mente subconsciente lo recibirá como una orden. Esto no es suposición es ciencia y está harto probado.

De acuerdo con el autor Shad Helmstetter, es necesario hablarle a nuestra mente con claridad para que entienda, firmeza para que obedezca y frecuencia para que recuerde. Ella- nos dice- se encargará del resto.

Una buena decisión debe cumplir varios requisitos. La más completa o mejor de todas tendría estos cuatro: viable(posible), placentera(satisfactoria), conveniente(beneficiosa) y  ecológica(sin daños). Piense antes de decidir, y frente a cada situación, pregúntese: ¿Qué estoy haciendo? ¿Qué me gustaría hacer? ¿Qué elijo entonces hacer?¿Qué consecuencias traería?

También es recomendable preguntarse si las decisiones que estamos tomando en este momento de la vida nos permiten alcanzar objetivos, si nos dejan tal y como estamos o si nos complican la vida y nos perjudican.

Aunque tengamos la tendencia a culpar a los demás por las cosas que nos pasan, lo cierto es que como adultos, somos nosotros quienes decidimos qué hacer con nuestro tiempo, cómo nos comunicamos, qué metas perseguir, si actuamos con fe o con miedo, si somos perseverantes o no, qué apariencia mostramos al mundo, si asumimos o evitamos riesgos, si ambicionamos o nos conformamos, etc.

Para lograr la vida que queremos, tenemos primero que gobernar nuestros hábitos, los cuales son producto de nuestras viejas decisiones. Es simple: si cambian nuestras decisiones, cambiará nuestra vida. Gracias por leerme.


Msc. Renny Yagosesky
Comunicador Social
Asesor Orientador
Escritor
Conferencista


Todos los Derechos Reservados © Renny Yagosesky (Noviembre 30 2006)