Todos los seres humanos tenemos, como algo inherente a nuestra naturaleza, la libertad de elegir. Cada día asumimos unas opciones en detrimento de otras. Sin embargo, cuando las consecuencias aparecen, tendemos a evadir la responsabilidad y a querer culpar a alguna otra persona. Siga leyendo.
Cada día de manera consciente o inconsciente, tomamos centenares o miles de decisiones: lo que comeremos, las vías que recorreremos, con quiénes conversaremos, que proyectos iniciaremos o en qué momento cruzaremos la calle. No podemos evitar decidir, pues la vida es una permanente toma de decisiones. Y aunque a veces deleguemos o de pospongamos, siempre estamos tomando decisiones, incluso, cuando elegimos no decidir.
Es evidente que no todas las decisiones son igualmente importantes, y aunque todo lo que hacemos generan consecuencias, algunas de esas consecuencias no son favorables a nuestros valores, objetivos o preferencias. Es en estos momentos es cuando se pone a prueba nuestra madurez, cuando aparece la conducta adulta que nos insta a asumir la autoría de decisiones, acciones y consecuencias, o la tendencia infantil de evadir las responsabilidades y proyectar la culpa sobre alguna otra persona o grupo.
En el aspecto de la salud, por ejemplo, muchos se dan a la tarea de comer y beber en exceso, trasnocharse, someter el cuerpo a grandes presiones físicas y psicológicas, y cuando experimentan malestar o enfermedades, no se les ocurre pensar o evitan pensar que las rutinas desconsideradas que imponen a sus organismos tenga algo que ver con los padecimientos que sufren. Y pretenden, a veces con descaro, que los médicos reparen un daño que en muchos casos la propia persona ha generado o contribuido a generar.
En las relaciones interpersonales ocurre algo similar. Padres con mala comunicación, tendencia a reprender y poca disposición a reconocer y reforzar lo positivo que ven en sus hijos, se quejan cuando éstos les pierden el respeto, reducen sus demostraciones de afecto o se marchan y se alejan de su lado. No se detienen a pensar si hay algo en ellos que estimuló esas conductas en los muchachos.
En la relación de pareja se repite el mismo karma: Vemos personas que eligen alguien apara salir y compartir, se aproximan y aceptan intimar emocional y sexualmente, se abren y revelan información privada, se involucran y comparten sus bienes o asumen compromisos de diverso tipo, para luego, si el otro no satisface las expectativas, maldecir y enemistarse, proyectando en aquel, lo que realmente fueron elecciones personal. Las excusas abundarán luego: “El me dijo”, “ella me prometió”, “Yo creía”, “yo no sabía”, etc. Los hechos, sin embargo, indican que más allá de las buenas intenciones, que cada persona tiene un mundo interior, objetivos personales, valores propios, y pocas posibilidades de complacer permanentemente los anhelos o caprichos ajenos.
Con los negocios la cosa no es en nada diferente, pues es frecuente ver gente que se embarca en negocios poco reflexionados, que acepta consejos de amigos y parientes inexpertos, toman decisiones emocionales basadas en una fe ciega y sorda, para llorar después cuando emerja la cosecha.
El asunto aquí es muy claro: somos responsables de cada una de nuestras decisiones y de las consecuencias que se desprendan de ellas. Por eso, tenemos el deber adulto, la necesidad de autoestima, de aprender a tomar buenas decisiones para lograr más y mejores resultados, quejarnos y criticar menos, y vivir una mejor vida.
Para ello, debemos tener claro que en cada conducta existen: intención, método, contexto y resultado. Y aunque la intención sea buena, si el método es inadecuado, si el contexto (momento y lugar) es inadecuado, el resultado tenderá a ser negativo, insatisfactorio, indeseado. Además, aunque la intención sea buena, somos responsables del método y del contexto que elegimos para actuar, asi como de su resultado.
Es cierto que a veces, se interponen factores sorpresivos, como por ejemplo si usted viene manejando su auto y elige tomar una ruta y un imprudente le choca y le ocasiona daños. En un caso como este, somos responsables de haber elegido la ruta, aunque no directamente de la imprudencia del otro. Asimismo, si usted elige una pareja que resulta adicta a las drogas o de tendencias violenta y usted no lo sabía, es responsable de haberlo elegido, aunque no lo sea, de sus mañas y hábitos.
Para tomar buenas decisiones debemos buscar que lo decidido sea viable (posible), conveniente (productivo), satisfactorio (placentero) y ecológico (que no dañe). De igual manera, debe considerar cuidadosamente las opciones disponibles, pues a más opciones más libertad para elegir: También conviene que considere el criterio desde el cual elige (Usted puede comprar algo por su calidad, por su precio o porque lo necesita, o puede elegir una pareja por su estatus social, su bondad, o por su belleza física) y debe tener claro el objetivo que busca con esa elección. Objetivo, opciones y criterio, son factores clave para tomar una decisión.
De manera que para tener un mayor control de su vida y evitarse conflictos, aprenda a tomar mejores decisiones y asuma la responsabilidad por lo que hace, la manera como lo hace, el momento cuando lo hace y las consecuencias que sus decisiones pueden producir a usted y a otros relacionados. La Libertad suele venir acompañada por la responsabilidad. Además, es inevitable madurar y crecer, ya sea voluntariamente por mediación de la consciencia, o forzosamente, por mediación de las crisis. Usted decide. Gracias por leerme. www.laexcelencia.com
Lic. Renny
Yagosesky
Comunicador Social
Asesor Orientador
Escritor
Conferencista
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los Derechos Reservados © Renny Yagosesky (17 de marzo 2008) |