
Como
Convertirse en un Ganador |
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Vivimos en un
mundo competitivo que demanda lo mejor de nosotros. Algunos desarrollan
habilidades de ganadores mientras que otros se quedan atrapados
entre la queja y la inacción, como perdedores. ¿Cómo
convertirse en un ganador sin romper nuestra armonía interior?
Siga leyendo.
Desde hace miles de años el hombre ha intentado descubrir
el perfil, las características que definen a los ganadores,
a los vencedores, esos que no se dejan amilanar con las dificultades
de la vida. Conocer sus secretos de pensamiento y acción
más que opcional es requerido en sociedades competitivas
en la que una estrategia inteligente puede ser la diferencia entre
avanzar o quedarse.
Siguiendo y complementando las premisas de Roberto Shinyashiki,
ofrezco a continuación un abanico de las que estimo las características
más resaltantes que diferencian a ganadores de perdedores,
y que hacen a algunas personas ganar el lugar que anhelan, y a otras,
vivir en la frustración, por debajo de su verdadera capacidad.
El ganador se caracteriza esencialmente por su determinación
de ganar, vencer, lograr. Tiene autoconfianza, cree en si mismo
y piensa que llegará hasta donde sus sueños alcancen,
por lo que su actitud es resuelta y no se desanima con facilidad.
El "perdedor", por el contrario, exhibe frecuentemente
una actitud de pesimismo y derrota que se percibe apenas se entra
en contacto con él.
El ganador es digno de confianza, vive a través de la verdad
y responde a los compromisos que adquiere. Se esfuerza en quedar
bien y cumple su palabra. Para él, la responsabilidad es
un valor esencial. El perdedor tiene la costumbre de defraudar a
quienes confían en él, por lo que no es tomado en
cuenta para nada serio. Otra de las cualidades del vencedor es la
humildad. Siempre está aprendiendo, valora los conocimientos
y enseñanzas de los demás. El perdedor tiende a exhibir
sus logros por pequeños que sean, pues lo que realmente le
importa es aparentar, más que lograr.
El ganador es entusiasta. No se amilana fácilmente y su ritmo
emocional es contagioso. Estar con el es agradable porque emana
energía y alegría. El perdedor vive con rostro agrio
o abatido, su vida es signada por el pesimismo y el miedo, referencias
que suelen bloquear su débil deseo de superación.
El ganador piensa en grande, sin ser por ello un iluso. Se imagina
en lo alto de la montaña y sueña con vivir "en
primera clase", en vez de resignarse y esperar a que otro le
diga cómo debe vivir. El perdedor prefiere vivir "al
son que le toquen", sin ritmo propio ni metas claras. De allí
que le sea difícil concretar resultados.
El ganador se esfuerza por ser eficaz (lograr sus objetivos) y eficiente
(lograrlos a bajo costo) Va tras sus objetivos sin posponer ni dispersarse,
por lo que logra mucho en poco tiempo. El ganador sabe que "hacer
es poder" El perdedor desea pero no actúa o actúa
poco o de manera dispersa. Se dedica a soñar, sin entender
que soñar sin actuar es fracasar. Cree que "querer es
poder".
El ganador reconoce sus errores. No necesita ser criticado si se
equivoca, porque él mismo es su juez. No busca culpables
sino que intenta perfeccionarse constantemente. Para el perdedor
siempre hay un culpable fuera de sí: padres, parejas, hijos
o gobiernos. Actúa como una víctima sin control sobre
su existencia.
El vencedor sabe cooperar. Interactúa y disfruta de las relaciones
con los demás. Se sabe capaz pero no niega la capacidad de
los demás. Se motiva frente a compañeros y amigos
y valora sus aspectos positivos. El perdedor ve a los miembros del
grupo como amenaza para sus ambiciones. Su desvalorización
lo hace o aislado o agresivo, nunca frontal y pocas veces cooperativo.
Si ayuda es en exceso y para sentirse querido.
El ganador sigue su vocación. Hace lo que le gusta y va tras
de aquello que le realiza y que pueda disfrutar y moverse "como
pez en el agua". Para el perdedor, generalmente fuera de contacto
consigo mismo, cualquier lugar es igual trabaja por dinero pero
casi nunca lo disfruta. No sabe qué le gusta y si lo sabe
no va tras de ese ideal. Su vida es un eterno lamentarse por lo
que no es.
El ganador tiende a la actitud ética. Respeta los valores
de los demás y no trata de imponer su forma de ver la vida.
Juega limpio, no usa la competencia desleal, y si las cosas salen
mal, en vez de intentar vengarse, sabe esperar su momento y confía
en que éste llegará. El perdedor no sigue reglas,
es anárquico y desadaptado, se ríe de los ideales
y por eso jamás se siente realizado ya que vive ciego de
pragmatismo.
El verdadero ganador aprende del pasado, vive el presente y trabaja
para el futuro. Respeta su tiempo, y aprovecha cada momento para
crecer y superarse. El perdedor se culpa de lo que no hizo o de
lo que hizo mal, se evade en el presente con drogas o exceso de
trabajo, va con miedo hacia un futuro incierto, y desaprovecha las
experiencias para perfeccionarse.
Aunque esta descripción puede ser generalizada, y no están
aquí todas las virtudes que favorecen el éxito, podemos
servirnos de esta información para ir más allá
de la creencia de suerte, y comenzar a ser, para hacer lo correcto
y tener lo que deseamos o necesitamos. Es la forma como abordamos
la existencia y las decisiones que tomamos lo que marca la diferencia.
Somos como nos han hecho, pero también como hemos decidido
ser. Gracias por leerme.
Lic.
Renny Yagosesky
Comunicador Social
Asesor Orientador
Escritor
Conferencista
Todos
los Derechos Reservados © Renny Yagosesky (Agosto
21 2005)
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