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Siempre me ha cautivado el tema del liderazgo, especialmente por las consecuencias del poder que pueden llegar a tener unas personas sobre otras. Este poder, como ha mostrado la historia, ha sido empleado para mejorar nuestra vida y también para sumirnos en las peores desgracias. Pensadores de todos los tiempos han intentado dar con las claves de la convocatoria, la motivación y el entusiasmo colectivo y, en especial de la clave que genera la adhesión incondicional.
En el afán de conocer y descubrir, he estudiado a centenares de figuras influyentes. Desde líderes famosos clásicos como: Confucio, Lincoln, Luther King, Teresa de Calcuta, Gandhi o Mandela, hasta personajes modernos, vivo o fallecidos, algunos poco ortodoxos, que tienen verdaderas legiones de seguidores, como Madonna, Bill Gates, Hugo Chávez, Che Guevara, Oprah Winfrey, Rain, Bono o Paris Hilton, y resulta evidente que sus variados estilos de personalidad y formas de comunicación, cautivan a públicos disímiles, de forma tal que lo que a algunos agrada, atrapa y embeleza, resulta repugnante e inadmisible para otros.
Si entendemos por liderazgo el grado de poder que una persona o grupo tiene sobre otros; o la capacidad o cualidad de ganar apoyo de otros en el objetivo de crear cambios en cierto nivel de la realidad, puede afirmarse que hay numerosos líderes en la actualidad poseedores de esta facultad, que nos muestran a diario formas de impactar mentes y corazones humanos.
Existen muchos líderes en diversos campos de la vida. Los hay carismáticos y no carismáticos, populares e impopulares, elegantes y desaliñados, pacíficos y violentos, espiritualistas y materialistas, experimentados y no experimentados. Todos, sin embargo, tienen seguidores listos para acompañarlos en la concreción de sus ideas y proyectos.
¿Qué funciona en el liderazgo?
Aunque sabemos que el carisma, el rol y las circunstancias influyen en el quién y el cuándo del liderazgo, existen modelos o clasificaciones que hurgan en los métodos de los líderes y en los motivos de los seguidores. Una de esas clasificaciones o modelos, el de Blaine Lee, autor de “el Principio del Poder”. Lee presenta un esquema sencillo y claro para comprender el liderazgo y sus efectos en el universo psicológico de la persona humana.
Lee, se refiere en su clasificación, a la existencia de tres tipos de liderazgo, cada uno caracterizado por una manera de convocar la presencia y el compromiso de los seguidores. Estos tipos de liderazgo son: El liderazgo coercitivo, el liderazgo utilitario y el liderazgo de honor.
- El liderazgo coercitivo:
Es un tipo de liderazgo que resulta destructivo y desmoralizante, por cuanto se basa en el control y usa el temor como instrumento para ganar la colaboración de los seguidores. Quien lo usa, “obliga a sus colaboradores a realizar ciertos actos, so pena de recibir algún castigo, de asumir algún riesgo, ser execrados, etiquetados, sancionados o ridiculizados.
Este método funciona sobre las personas débiles, que se agachan y rinden ante las presiones, chantajes y amenazas, pero opera un efecto defensivo en quienes no son susceptibles de ser atemorizados. Se usa bajo la creencia de que es eficiente, y permite a quien lo emplea, reducir el esfuerzo, la cantidad de energía o el tiempo necesario para obtener la respuesta deseada. Lo lamentable es que este método del “látigo” genera rechazo, resistencia, rebeldía, deseos de venganza y sólo es útil mientras el castigador está cerca. La lealtad que genera es débil y generalmente breve.
- El liderazgo utilitario:
Es un tipo de liderazgo basado en la negociación y el regateo. Aquí las partes se ponen de acuerdo en el precio y las condiciones del apoyo que se brindará, el cual durará mientras las condiciones se cumplan y se mantengan, y mientras que no aparezca una mejor oferta o un mejor postor.
Este método funciona con el tipo de personas que se centran en sus necesidades y objetivos, y dejan en segundo plano valores y principios. El tipo de lealtad que genera este estilo de liderazgo, es volátil y generalmente pasajero, pues se basa en su potencial de intercambio, en la calidad relativa de los acuerdos y los beneficios que genere para las partes. Nadie resulta engañado pues se realizan convenios claros y abiertos.
- El liderazgo de honor:
Es un estilo de liderazgo basado en los principios, en el honor y en el ejemplo personal. Descansa sobre relaciones sinceras y de calidad, en la convicción personal de estar haciendo lo correcto, en el respeto y la integridad. Va más allá del temor y de los beneficios utilitarios, pues se eleva apoyado en una base ética y moral.
Este método funciona con las personas que tienen una escala de valores definidos o que se sensibilizan ante las ideas superiores; los que han dejado atrás el pragmatismo y piensan que las acciones tienen reacciones y que las intenciones también cuentan. El tipo de lealtad que genera es fuerte y duradera, pues opera desde la automotivación. Quien sigue a un líder que practica este estilo de liderazgo, por lo general desea ser como el líder que apoya, quiere hacer lo que el líder hace, y se esfuerza por hacer lo que el líder le pide que haga.
No es ningún secreto que muchos de los liderazgos empresariales, religiosos y políticos actuales se basan en la intimidación, el chantaje y la negociación, por lo que están condenados a durar poco. Algunos venden promesas, “villas y castillas” con las palabras pero son incapaces de seguir con sus actos la prédica en la que empeñan tanta energía. Su futuro es predecible, ser rechazados mañana por quienes hoy aseguran amarlos.
Los que se empeñan en usar el temor como método, bajo la idea de su eficacia y la creencia de que la gente termina por acostumbrase, desconocen dos importantes principios de la psicología humana: que los premios siempre funcionan mejor que los castigos para mantener e incrementar conductas, y que las personas tienen una urgencia creativa y de cambio que los insta a ir más allá de lo que tienen, por buen que eso parezca.
Sirva este modesto planteamiento y brevísimo análisis para llevarnos a una reflexión más profunda sobre nuestros motivos y métodos para influir en quienes nos rodean. Es mejor hacer poco constructivo que hacer mucho destructivo o vivir en la aburrida y lacerante ociosidad. Toda acción trae consecuencias; ninguna voz queda sin eco, ninguna semilla queda sin fruto. Gracias por leerme. www.laexcelencia.com
Msc. Renny Yagosesky
Comunicador Social
Asesor Orientador
Escritor
Conferencista
Todos los Derechos Reservados © Renny Yagosesky (Mayo 25 2007)
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