"En septiembre de 1970 estaba yo parado
totalmente desnudo ante un grupo de personas de todas las edades.
El doctor John Pierrakos está observando mi cuerpo cuidadosamente.
Camina hacia mí y examina la textura de mi piel y la condición
y calidad general de la musculatura de mi cuerpo. Me pide que camine
por el salón por unos momentos para observar mi cuerpo en
movimiento.
Tengo que aceptar que la situación fue extremadamente incómoda
para mí. Después de lo que pareció una eternidad
de silencio en la sala, y sin compartir una sola palabra con el
facilitador, el Dr. Pierrakos inició una descripción
acerca de mi vida con una precisión extraordinaria. Me habló
de mis padres y mi relación con ellos, de mis actitudes generales
hacia la vida, mis relaciones, y cambios de importancia en mi vida.
Mencionó el tipo de relaciones que yo buscaría, así
como las fortalezas y debilidades de mi personalidad. La exactitud
y fidelidad de sus observaciones y comentarios fue tan asombrosa
que el evento encendió una llama que cambió mi vida
para siempre".
Así describe su primera experiencia con la Bioenergética
el Dr. Ken Dychwald en su libro Bodymind (1977).
Según la Bioenergética, el cuerpo es un reflejo fiel
de la suma de todos los pensamientos, emociones, sentimientos y
acciones que hemos experimentado a lo largo de la vida. Lo más
curioso es que nuestros pensamientos (lo que sucede en la mente)
son también influidos por la "condición"
de nuestro cuerpo. Según esta corriente de pensamiento, cuerpo
y mente están continuamente influyéndose el uno al
otro de forma simultánea. La terapia Bioenergética
fue iniciada por un alumno de Freud, Wilhelm Reich, y desarrollada
en su plenitud por los doctores Alexander Lowen y John Pierrakos
a fines de la década de los 50. Su objetivo era crear un
nuevo proceso terapéutico, combinando diversas vías
(verbal / intelectual, físicas y psico-emocionales) para
explorar y resolver problemas del sistema mente-cuerpo.
Dychwald concluye que el cuerpo es reflejo
de la mente y la mente reflejo del cuerpo, y que todas las emociones
y experiencias que han "creado" nuestra personalidad
han influido profundamente en la formación y estructura
de los músculos y los tejidos del cuerpo. Por tal motivo
acuñó el término cuerpo-mente (bodymind)
para describir con más precisión la totalidad de
nuestro ser. "En realidad, cada célula de nuestro
cuerpo está relacionada estructural y funcionalmente con
todas las demás células de nuestro cuerpo. De la
misma forma, todos nuestros pensamientos, creencias, temores,
y sueños están conectados dinámicamente con
la estructura y función de nuestra psiquis. Yo quisiera
inclusive sugerir que las células y los pensamientos están
más directamente conectados de lo que nuestro actual paradigma
acerca de la salud y la enfermedad pueda aceptar", agrega
Dychwald.
Un ejemplo sencillo acerca de esta estrecha
relación cuerpo-mente es notando la posición corporal
y la actitud de una persona deprimida: Hombros caídos,
tendencia a la "joroba", cabeza gacha, actitud de derrota,
desesperanza, la vista con tendencia hacia abajo, poca energía
en el cuerpo, movimientos lentos, voz baja. Una mente triste se
refleja en un cuerpo deprimido. Por otra parte, una mente positiva
y alegre se refleja en un cuerpo erecto, cabeza en alto, voz fuerte
con intención, frecuentes sonrisas, un caminar más
rápido y enérgico, actitud de triunfo, buen humor.
Lo más interesante de esta filosofía
terapéutica es que podemos influir en nuestros estados
emocionales y mentales con un trabajo corporal, y podemos mejorar
nuestra fisiología corporal con nuestros pensamientos y
nuestra consciencia.
. Esta corriente terapéutica mantiene
que el cuerpo es un reflejo tan fiel de nuestras experiencias
que se pueden notar en nuestro organismo diferencias entre, por
ejemplo, la parte superior del cuerpo - de la cintura hacia arriba
- y la parte inferior. Mantiene Ken Dichwald, en su libro BodyMind,
que la parte inferior del cuerpo, a nivel funcional, es la que
hace contacto con la Tierra. Le concierne estabilizar, mover,
balancear, soportar, enraizar. La mitad superior tiene que ver
escuchar, hablar, pensar, ver, expresar, golpear, sostener, comunicar
y respirar.
En términos psico-sociales, la zona inferior de nuestro
cuerpo está orientado hacia la privacidad, el soporte,
la introspección, estabilidad emocional, dependencia, crear
atmósferas de "hogar". En cambio, la superior
se relaciona con socializar, expresar, la comunicación
interpersonal, manipulación, la auto-afirmación,
aspirar y actuar.
Una manera de saber como una persona ha manejado estas facultades
a lo largo de su vida es observando como se ha distribuido el
peso, la masa y la estructura en su cuerpo a través de
los años. Los casos extremos de este diferencia "arriba
- abajo", son aquellas personas que han desarrollado cuerpos,
por ejemplo, grandes y fuertes abajo (caderas, piernas, glúteos)
y pequeños arriba (brazos, pecho, hombros). Cuando la mitad
inferior del cuerpo está más desarrollada que la
superior, indica que esta persona tiene más facilidad tratando
con la estabilidad, el hogar, enraizar, el soporte. De alguna
manera ha podido "llenar" estos aspectos de su vida.
Esta persona no sólo se apoya en estas facultades en su
vida actual, sino que tenderá a mantener las circunstancias
en su vida para asegurar continuidad. Ya que esta persona tiene
sobre-desarrollados los aspectos íntimos de su ser (a costa
de su parte más expresiva) puede sentirse más cómodo
con la comunicación interna, estar más consciente
de su estado emocional, y tener mayor capacidad de "sentir".
Por otra parte, las personas que han desarrollado cuerpos con
brazos, espaldas y pecho grandes vs. piernas y caderas más
frágiles, han desarrollado también una gran capacidad
de expresarse, socializar, ser asertivos y muy activos. Tienen
que "soportar" su vida con la espalda, los brazos, el
pecho y la cabeza, a cambio de un subdesarrollo de las caderas,
glúteos, piernas y pies.
Existen otras maneras en la que se expresan estas diferencias.
Por ejemplo, nuestra parte más desarrollada tiende a ser
más graciosa, más sana, más consciente, se
mueve con más fluidez y naturalidad. Pareciera ser que
la parte más desarrollada está menos inclinada a
sufrir accidentes y enfermedades. Tendemos a sufrir más
desbalances en nuestra mitad más débil. Una persona
con la mitad inferior más desarrollada tiende a sufrir
más de dolores de cabeza, gastritis, asma, y artritis en
las manos. En cambio, cuerpos desarrollados arriba pueden sufrir
más de esguinces de tobillos, várices, pies planos
y disfunciones sexuales.
Pareciera que, cada vez más, la medicina tendrá
que tomar en cuenta los aspectos mentales y emocionales del ser
para tratar más efectivamente la salud. Las nuevas corrientes
de pensamiento están revelando una "unidad" de
todos los aspectos de nuestro ser, y que estas facetas de la existencia
no pueden ser separadas, y mucho menos tratadas de forma aislada
e independiente.
Nuestras experiencias se pueden notar en nuestro organismo a través
de diferencias entre, por ejemplo, la parte derecha del cuerpo
vs. la parte izquierda. Aquí cabe mencionar la milenaria
filosofía china del yin y yang, que según ellos,
son energías opuestas pero complementarias, y está
representado por el famoso símbolo que se ha hecho tan
popular en las últimas décadas en occidente. El
yin corresponde a todo lo que sea contractivo, sensible, conservador,
femenino, intuitivo, sintetizante, relacionado con la tierra,
la luna, la noche, el invierno, la humedad, el frío, lo
interior; mientras que el yang abarca todo lo que sea expansivo,
agresivo, exigente, masculino, racional, analítico, relacionado
con el cielo, el sol, el día, el verano, la sequedad, el
calor y lo exterior.
El lado derecho del cuerpo, en sus funciones neuromusculares,
está regido por las funciones del hemisferio izquierdo
del cerebro, y la parte izquierda del cuerpo, por el hemisferio
derecho. Una musculatura derecha más desarrollada pudiera
indicar que en la persona ha predominado la lógica, el
raciocinio, una actitud más agresiva que pasiva, más
masculina que femenina. Una de las razones de una mayor incidencia
de derechos vs. zurdos tiene que ver con la las exigencias sociales.
Vivimos en sociedades donde se nos exige comportamientos que tienen
que ver con las facultades del hemisferio izquierdo del cerebro.
Se nos exige que cumplamos horarios, que utilicemos eficazmente
el tiempo, que registremos bienes, que ganemos dinero, que seamos
activos, y que cumplamos leyes, normas y acuerdos colectivos.
Por otra parte que la sociedad nos exige poco, o nada, en lo referente
a comportamientos regidos por el hemisferio derecho. La sociedad
es indiferente a la creatividad, la intuición, el humor
y la espiritualidad, para efectos del orden social.
Estas diferencias pueden notarse, especialmente, en la rigidez
muscular de los brazos, las piernas y la espalda del lado más
débil. Por otra parte nuestro lado más débil
está más expuesto a accidentes y se expresa con
menos gracia y coordinación que el lado más desarrollado.
En momentos de expresar sentimientos y emociones se puede notar
con más claridad el lado predominante, con la comunicación
gestual y no verbal.
Mantiene Ken Dichwald, en su libro BodyMind, que inclusive el
momento del nacimiento tiene que ver con nuestra dominancia hemisférica
cerebral y nuestra preferencia derecho-zurdo. Dichwald hace mención
de los estudios de un obstetra francés llamado Frederick
Leboyer, quien mantiene que los nacimientos en los hospitales
modernos influyen fuerte y negativamente en la personalidad del
niño. La insensibilidad típica de la medicina moderna,
con los quirófanos helados, las luces fuertes, los niveles
de ruido, las acciones agresivas por parte del personal médico,
muestran una brutal desconsideración por el niño
en su primera experiencia en el mundo exterior. Leboyer mantiene
que los niños nacidos bajo esas circunstancias - todos
nosotros - desarrollan una "armadura" para protegerse
de la agresividad a la cual se encuentran sometidos. Se cree que
los niños que inician su vida en tales condiciones de violencia
pueden desarrollar muy fácilmente una actitud de agresión.
Con respecto al "split" derecha-izquierda, esto sugiere
que desarrollamos muy temprano en nuestras vidas una preferencia
derecha (asertiva) como la expresión emocional a ese mundo
agresivo. Lo más interesante es que Leboyer, buscando crear
atmósferas nutritivas y armoniosas en el momento del nacimiento,
ha notado una gran incidencia de niños ambidiestros en
aquellos niños que llegan al mundo de forma menos agresiva
y placentera.
Alex Hamilton
Orientador de la Conducta
ahamilton@cantv.net