
La
Sombra, Nuestro Lado Oculto |
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Es un hecho,
que no podemos vivir en sociedad sin formarnos una personalidad
adaptada. Eso es tan cierto que quienes no cumplen los requisitos
de comportamientos social, encuentran en el veredicto de algunos
psiquiatras y psicólogos el calificativo de locos, enajenados,
anormales, tarados o esquizofrénicos. El mensaje de "pórtense
bien", debe ser entendido por quienes no quieran ir a parar
en una cárcel o un hospital psiquiátrico.
Esta obligatoriedad de adaptación, nos insta a elegir ciertos
comportamientos y a reprimir otros. Optamos por ponernos la careta
de niños buenos, responsables, obedientes, considerados,
dulces y nobles y mandamos al saco del olvido nuestra otra cara.
Archivamos en un lugar oculto todo lo que la sociedad o nuestros
padres nos impiden manifestar por inaceptable: El orgullo, la envidia,
el odio, la rabia, las fantasías sexuales, el miedo, etc.
Esta olla de presión se va llenando cada vez más y
vamos conformando una personalidad inferior de la cual nos avergonzamos
y relegamos al plano inconsciente.
Es fácil ver que los hombres ocultan y reprimen actitudes
consideradas como femeninas (ternura, compasión, receptividad,
empatía) mientras que las mujeres niegan su lado masculino
(iniciativa, agresividad, independencia, orientación al logro,
ímpetu) este bloqueo de una parte nuestra hace que lo que
negamos emerja de pronto en momentos inesperado, en forma desbordada,
incontrolada y negativa.
Casos de expresión inadecuada de esa sombra hay muchos. Cuando
no sabemos reconocer nuestro lado débil, nos enfermamos para
poder mostrar nuestra blandura. Cuando no logramos expresar nuestra
sexualidad, nos convertimos en criticones de los demás, en
moralistas castradores o en sádicos pervertidos reveladores
de un erotismo deformado que niega normas y valores. Algo así
como lo que sucede con una represa que se rompe e inunda todo lo
que encuentra a su paso.
Esos componentes de nosotros que condenamos al olvido, siguen como
linternas encendidas en el sótano robándonos energía.
Por eso podemos afirmar que mientras mayor es nuestra sombra, menor
es la energía de la que disponemos. Somos una moneda de dos
caras, empeñados en ofrecer sólo una.
A nadie le gusta ver su sombra directamente a la cara. Descubrir
que hemos vivido limitados y autoengañados nos deprimimos,
lloramos y entramos en conflicto. Por eso tanta gente, sobre todo
hombres, temen participar en talleres de crecimiento personal. Muchas
personas quieren oír únicamente lo que les agrada
y no les causa tensión. Se niegan a crecer realmente. Buscan
tener razón y confirmar sus creencias y premisas. Se niegan
a abandonar sus posturas infantiles, sus mentiras, su autoabandono
y su afán de culpar a otros por lo que ellos mismos han creado.
Sin embargo, es posible reconocer nuestra sombra, hacernos conscientes
del material psicológico reprimido e integrarlo. Esto significa
aceptar que en cada persona hay un lado bondadoso, moral, tolerante
y solidario, igual que otro maligno, inmoral, intransigente y egoísta.
Para detectar la manifestación de esa parte turbia de nosotros,
podemos prestar atención a los sueños y fantasías
que se repiten en nuestra mente, ya que siempre traen mensajes simbólicos.
La forma como manejamos el sentido del humor, nos da la oportunidad
de revisar lo que escondemos detrás del sarcasmo y la ironía.
El tipo de gente que buscamos o atraemos nos señala en cierto
sentido lo que hay en el fondo de nuestro anhelo. Poner cuidado
a lo que nos desagrada de los demás, ofrece una visión
de lo que negamos en nosotros aunque de hecho exista.
Si criticamos a los que ganan dinero; moralizamos a los que expresan
sus deseos; culpamos a los que hacen lo que no nos atrevemos a hacer;
rechazamos a gente que ni siquiera conocemos; atraemos a gente conflictiva
y fabricamos enemigos por todos lados, podemos estar frente a señales
que en realidad ocultan parte de nuestra sombra.
Es valioso para sanar nuestra sombra, vernos como seres completos,
en vez de identificarnos con apenas una parte de la personalidad.
Para eso tenemos que desidentificarnos de ciertas pautas fijas,
asumir mayor responsabilidad por nuestros actos y sus consecuencias
y amar las partes o aspectos de nosotros que hemos desdeñado.
hay que aceptar, como dice el psicoanalista James Hilman, las debilidades,
la obstinación, la crueldad, la falsedad que llevamos dentro
y crear nuevas formas de vernos y de funcionar. Puede decirse que
se trata de mirar de frente nuestro dios tanto como nuestro diablo
Lo que buscamos con este proceso es mayor consciencia para alcanzar
mayor libertad. Llegar al punto de decir "soy así ,
un ser total y así me acepto sin negar nada de mí".
Con eso, podremos vivir como dueños de nosotros mismos sin
tener que gastar la energía en combatir al mundo para que
cambie o en ocultar nuestros más caros temores. Gracias por
leerme.
Lic. Renny Yagosesky
Comunicador Social
Asesor Orientador
Escritor
Conferencista
Este artículo es propiedad intelectual
de Renny Yagosesky. Si va a ser reproducido total o parcialmente
agradecemos respetar el Derecho de Autor.
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