
Los bebedores consuetudinarios --aquéllos
que consumen un promedio de tres o más bebidas alcohólicas
al día-- tienen un riesgo mayor de probabilidad del 40
por ciento que los no bebedores de sufrir un ataque cerebral debido
a un coágulo de sangre, según un estudio a largo
plazo realizado por la Facultad de Medicina de la Universidad
de Harvard entre 38,000 personas.
Paradójicamente, el estudio, publicado recientemente en
la revista científica "Anales de la Medicina Interna",
sugiere también que un patrón consistente de beber
moderadamente podría rebajar ligeramente el riesgo de padecer
un ataque.
''Los participantes que se encontraban a un nivel de bajo riesgo
de padecer ataques eran hombres que consumían una o dos
bebidas en unos tres o cuatro días de la semana'', dijo
el doctor Kenneth Mukamal, autor principal del estudio, profesor
asistente de medicina en la Facultad de Medicina de Harvard e
internista en el Centro Médico Deaconess Beth Israel de
Boston.
''La importancia de los patrones de bebida en el riesgo de ataque
cerebral es paralelo a nuestros previos descubrimientos --en el
mismo grupo de hombres-- del consumo de alcohol y el riesgo de
desarrollar diabetes y enfermedades cardíacas'', señaló
Mukamal. ``Entre estos tres tipos de enfermedades, el riesgo más
bajo parece darse cuando el consumo está limitado a uno,
o máximo dos tragos, aproximadamente un día sí
otro no, con muy poco beneficio mostrado con el consumo de bebidas
en tres o cuatro días en una semana''.
Los datos para el estudio provienen de un estudio de seguimiento
de la Escuela de Harvard de Profesionales de la Salud Pública,
que se inició en 1986 e hizo evaluaciones de participantes
masculinos entre las edades de 40 a 70 años cada cuatro
años hasta el 2000. Cada participante completó un
cuestionario detallado sobre su dieta e historial médico,
incluyendo consumo de alcohol, en cada intervalo de tiempo.
Durante el curso del estudio, los investigadores confirmaron 412
casos de isquemia en el grupo, ataque inducido por un coágulo
de sangre. Cerca de 700,000 estadounidenses sufren de este tipo
de ataques anualmente; los ''ataques cerebrales'' suponen un 80
por ciento de todos los ataques, con vasos sanguíneos que
se rompen cortando el riego sanguíneo hasta el cerebro.
El estudio mostró que los hombres cuya media de consumo
de alcohol era de tres o más bebidas al día tenía
un 42 por ciento de mayor riesgo de sufrir un ataque isquémico
--y particularmente de coágulos de sangre que se mueven
hasta las arterias del cerebro desde otras partes del cuerpo--
que los abstemios.
Al mismo tiempo que el estudio mostró que el promedio de
consumo de cantidades menores de alcohol no aumentaba o disminuía
significativamente el riesgo de un ataque, cuando se tuvo en cuenta
la frecuencia de la toma de alcohol se demostró que los
bebedores moderados que ingerían alcohol tres o cuatro
días por semana tenían un 32 por ciento menos de
riesgo de ataques que los no bebedores.
A pesar de lo anterior, Mukamal no piensa que el estudio muestre
que el beber tenga un fuerte efecto en proteger contra un ataque,
al igual que contra una enfermedad cardíaca.
''Aunque sí parece existir una pequeña posibilidad
por la cual el beber ligeramente esté asociado con el menor
riesgo'', dijo Mukamal, ``es importante reconocer que esta posibilidad
es menor en comparación a las enfermedades de corazón,
y por consiguiente no se puede sencillamente extrapolar entre
las dos posibilidades''.
Las autoridades definen una ''bebida estándar'' como una
cerveza de 12 onzas, un vaso de vino de cinco onzas o un trago
de 1.5 onzas de bebidas destiladas; cada uno de ellos contiene
alrededor de media onza de alcohol.
Generalmente, no importaba mucho lo que estaban bebiendo los voluntarios
en el estudio, aunque el grupo menor que consumía una o
más copas de vino tinto diariamente tenía un 46
por ciento menos de riesgo.
''Esto es curioso, porque entre esta población de hombres,
el vino tinto no está unido a un menor riesgo de enfermedad
cardíaca, comparándolo con cualquier otra bebida
alcohólica, por lo que no está claro por qué
no ocurre igual con el ataque cerebral'', observó Mukamal,
añadiendo que se necesita más investigación
en ese punto.
Fuente: www.hoyenelmundo.com