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Puede decirse
desde la buena intención, que, al menos conscientemente,
nadie desea enfermarse. Sin embargo, frecuentemente, tomamos decisiones
que afectan nuestro bienestar y debilitan a veces de manera notable
nuestra resistencia orgánica. Sea por ignorancia o por inconsciencia,
lo cierto es que por lo general vivimos apurados, atemorizados y
tensos, con lo cual nos autoinducimos dolor y sufrimiento, favoreciendo
sin querer, el surgimiento de la enfermedad.
Estoy entre
quienes piensan que la salud es un producto resultante de factores
espirituales, genéticos, ambientales y voluntarios. Dejando
de lado el asunto espiritual, y avanzando hacia la búsqueda
de una explicación “objetiva”, diremos que existe
una biología que nos influye, una cultura que nos moldea
y una autodeterminación que direcciona nuestras decisiones.
De manera que nuestros abuelos y padres, amigos y maestros, tanto
como nuestras decisiones personales, configuran parte del cuadro
sistémico que se combina para llevarnos a ser lo que somos.
Desde hace ya tiempo, se ha conferido especial interés a
los factores externos que influyen en la aparición, sostenimiento
y supresión de las enfermedades. Más recientemente,
han comenzado a considerarse los elementos internos como pensamientos
y actitudes, vistos hoy como agentes indiscutibles de la salud y
la enfermedad. Además de genes, virus y bacterias, se sabe
que los pensamientos y actitudes tienen fuerza de cambio en el organismo,
y que el estrés producido por preocupaciones y conflictos
afectan el vigor del organismo. Destacados investigadores de la
psicología y la medicina como Andrew Weill, Jorge Carvajal,
Bernie Siegel, Hebert Benson y Joan Borsenko, entre otros, dan fe
de la suprema importancia de nuestros valores, creencias y vínculos
en nuestro estado de salud.
Algunas sugerencias que pueden acercarnos a una salud estable y
duradera, son: alimentación adecuada, relajación,
descanso diversión, propósito de vida, neutralidad,
fe, ejercicio, trabajo entusiasta y contacto con la naturaleza.
Un requisito esencial para la buena salud es la alimentación
sana, integrada por los recursos calóricos, vitamínicos
y proteicos necesarios para el buen funcionamiento del cuerpo. Se
indica evitar tóxicos, alimentos muy condimentados y que
contengan aditivos químicos que puedan dañar el organismo.
Hoy se sabe que existe una relación directa entre estrés
y enfermedad. Por lo que se recomienda como norma, reducir la autoexigencia
para disminuir la tensión y vivir más relajados y
sanos. Menos prisa, más orden y planificación, más
respiración profunda y más contacto con estímulos
agradables, favorecen un mayor bienestar.
El descanso es una recomendación agradable y curativa. A
veces le exigimos al cuerpo más de lo que puede darnos, y
esto deriva en colapsos de salud y terribles consecuencias.
También la diversión es aliada para la salud. "Es
sano si es divertido". La alegría potencia la creación
de células inmunológicas protectoras. Disfrutar cada
momento de la vida, blinda el organismo contra agentes que nos atacan
y debilitan.
Vivir con un propósito significativo dota de sentido a la
vida. Aportar algo valioso al mundo y sentirnos útiles vencen
el vacío y el aburrimiento.
A menos conflictos mejor salud. Es esencial evitar confrontaciones
innecesarias. Viva y deje vivir. No intente cambiar a los demás,
sobre todo si no desean ser cambiados. Manténgase neutral,
como aconsejaban los antiguos egipcios. Dios sabe lo que hace. Sugiera,
proponga, pero no obligue a los otros a ser como usted.
La fe es la cualidad dorada. Tener fe significa confiar de manera
total y absoluta en ciertas ideas o resultados deseados. La fe activa
lo mejor de nosotros, nos reanima, quita preocupaciones y temores,
y produce resultados favorables. Decía Dale Carnegie que
pensar en el fracaso equivale a invitarlo. La fe, si es de naturaleza
espiritual nos centra en Dios, fuerza creadora que nos sustenta,
nos da confianza y nos ayuda a vencer los embates de la vida.
Una recomendación corporal es: hacer ejercicio. Permita que
su cuerpo se fortalezca y que se deshaga de las llamadas "hormonas
del estrés". La pasividad y la inmovilidad restan vigor
a la máquina humana y reducen su gran potencial.
El trabajo diario y entusiasta es saludable pues nos hace sentir
útiles y favorece la productividad. Nos ayuda a relacionarnos
y a darle sentido a la vida. Si se está jubilado, se puede
igualmente, usar el tiempo para asesorar o apoyar a otros. No hay
excusas: siempre podemos hacer algo útil.
Es importante el contacto con la naturaleza. Visitar espacios naturales
que nos energizan y favorecen la prevención y curación
de enfermedades.
El perdón es un potente sanador pues cierra heridas emocionales
que dañan el cuerpo. Es un limpiador de resentimientos limitantes
que opera verdaderos milagros.
Así que menos preocupaciones y autoexigencia, más
alimentos sanos, descanso, diversión y contacto natural son
la combinación perfecta para alcanzar equilibrio, paz y sanación.
Gracias por leerme.
Lic. Renny Yagosesky
Comunicador Social
Asesor Orientador
Escritor
Conferencista
Este
artículo es propiedad intelectual de Renny Yagosesky. Si
va a ser reproducido total o parcialmente agradecemos respetar el
Derecho de Autor.
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