El Hígado, La Principal Fábrica del Organismo
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Su función en el organismo humano es comparable a la del cerebro, que sirve para pensar, o el corazón, para mover la sangre.

A comienzos de este mes, el Consejo Nacional de Seguridad Social en Salud recomendó incluir el transplante de este órgano -cirugía que cuesta cerca de 100 millones de pesos- en el listado de procedimientos del Plan Obligatorio de Salud, a los cuales tienen derecho todos los colombianos. Hasta ahora solo se podía acceder a este beneficio a través de tutelas.

En Colombia hoy se hacen alrededor de 50 trasplantes de hígado al año.

¿Para qué sirve el hígado?

Es, en asocio con otros órganos, el encargado de que el cuerpo utilice los nutrientes que provienen de la comida: siguiendo con el ejemplo de la fábrica, basta decir que para formar músculos él aporta los ladrillos, que son los aminoácidos extraídos de los alimentos.

También produce los factores que permiten a la sangre coagularse y elimina toxinas producidas por el cuerpo o por medicamentos, pues la mayoría de las drogas primero son transformadas por el hígado para poder ser desechadas.

¿Y si no funciona?

Aparecen varios síntomas que se agravan con el tiempo:

Desnutrición: una persona con el hígado enfermo no tiene la posibilidad de aprovechar los alimentos que consume y se desnutre.

Coagulación: la sangre no coagula, por lo que es difícil detener hemorragias; de hecho, estas se presentan sin necesidad de heridas. Esa es la razón por la que aparecen sangrados que se manifiestan en forma de hematomas (morados) en el cuerpo.

Ictericia: cuando los glóbulos rojos se rompen (viven cerca de 180 días) liberan la hemoglobina encargada de transportar oxígeno; esta se deshace en una materia amarillenta conocida como
bilirrubina, que por ser tóxica es eliminada por el hígado. Cuando este no funciona se acumula, dando a la persona una coloración amarilla.

Intoxicación: el hígado en mal estado tampoco elimina sustancias tóxicas producidas por el propio organismo. Eso afecta el cerebro a tal punto que la persona padece trastornos que conllevan la pérdida de la conciencia. Los medicamentos se acumulan y prolongan sus efectos: si consume una pastilla para dormir, no despierta a la mañana siguiente sino varios días después. Lo mismo ocurre con el licor y otras sustancias.

Abdomen hinchado: a causa de la enfermedad del hígado, el flujo sanguíneo que llega del intestino se afecta, produciendo acumulación de líquido en el abdomen (ascitis).

Hipertensión portal: el aumento de la presión sanguínea produce várices (dilataciones) en los vasos que van del esófago al hígado; a veces se vuelven tan grandes que se rompen y ocasionan sangrados. El bazo, que también tiende a agrandarse, daña las plaquetas, lo que afecta más la coagulación.

¿Quiénes requieren trasplante?

Toda persona cuyo hígado deje de funcionar. Por lo general esto ocurre por fallas hepáticas crónicas o agudas. Si la persona no mejora con tratamiento o medicamentos, es imprescindible un trasplante.

Falla crónica:
generalmente es cirrosis (cicatrización del hígado en forma de nódulos, que lo endurece y reduce su tamaño).

La cirrosis no se da de un día para otro, es un proceso de años. Las más frecuentes son causadas por virus de la hepatitis B y C, que se adquieren por transmisión sexual, pinchazos con agujas contaminadas o por razones desconocidas; también por alcoholismo y, con menos frecuencia, por acúmulo de bilis o de grasa en el hígado (al parecer por problemas del metabolismo), entre otras.

Falla aguda:
es un daño que ocurre en días o semanas. Es producido por el virus de la hepatitis A, que puede lesionar irreparablemente el hígado.

También ocurre por intoxicaciones provocadas por el consumo de altas dosis de yerbas, como yantén y árnica, y medicamentos como el acetaminofén.

Si el daño en el hígado es leve la persona tiene la opción de recuperarse; si es más grave se siguen parámetros diseñados para evaluar fallas hepáticas fulminantes, mediante las cuales se determina el procedimiento a seguir en cada caso.

Contrario a lo que ocurre con la falla crónica, el hígado no alcanza a cicatrizarse, pero se inflama y deja de funcionar durante días o semanas, lo cual puede ser mortal. Por lo general se requiere un trasplante urgente.

Otras causas:
tumores en el hígado y, en recién nacidos, falta del conducto que permite la salida de la bilis o trastornos hereditarios que afectan este órgano.

Tipos de trasplante

Hay dos clases: de donante con muerte cerebral o de donante vivo.
El primero es el que más se practica: quien en vida toma la decisión de donar su hígado, debe dejar por escrito su voluntad de hacerlo al fallecer; si tal autorización no existe, la familia puede darla.

Al órgano le son practicadas toda clase de pruebas para determinar que esté sano (sin enfermedades ni infecciones) y que haya compatibilidad sanguínea con el receptor.

El segundo (donante vivo) es menos común y se practica sobre todo en niños. Una vez el donante es sometido a los chequeos para garantizar que su vida no corre riesgos, es llevado a cirugía para extraerle una parte del hígado, que será trasplantada al receptor.

En Colombia este procedimiento es practicado por la Fundación Valle del Lili, de Cali, en niños. Los donantes generalmente son sus padres o familiares.

Hacer lo mismo en adultos es más complicado, pues se corre un doble riesgo: que la porción de hígado sacada al donante no sea suficiente para suplir las necesidades del receptor, o que la vida de quien donó resulte afectada.

Fuente: Hector Pulido
Eltiempo.com.